Paul Sou, C.M.: misionero en su patria (parte 3 y última)

Yohanes Kusno Bintoro, CM
11 diciembre, 2025

Paul Sou, C.M.: misionero en su patria (parte 3 y última)

por | Dic 11, 2025 | Formación, Vicencianos destacados | 0 Comentarios

¡Ánimo!

La epopeya de la controversia de los Ritos Chinos quedó resuelta de manera decisiva por la Constitución Apostólica Ex quo singulari del papa Benedicto XIV, del 5 de julio de 1742. El Papa, sin consultar a los disidentes, anuló todos los permisos de adaptación de los ritos para evitar prácticas supersticiosas. También impuso un nuevo juramento a los misioneros, prohibiendo la práctica del rito de Ricci. Como era previsible, este decreto provocó nuevas persecuciones y sufrimientos, obstaculizó la misión y causó que la Iglesia perdiera muchos fieles por la incertidumbre. Los que permanecieron, afrontaban inminentes persecuciones y torturas.

En Sichuán, la comunidad cristiana se convirtió con frecuencia en blanco de la represión oficial a lo largo del siglo XVIII, impulsada tanto por preocupaciones locales como nacionales. En 1746 y 1755, los funcionarios provinciales, alertados por la corte, fueron especialmente vigilantes contra sectas rebeldes como el Loto Blanco. La comunidad cristiana, ya considerada una secta ilegal, sufrió arrestos, interrogatorios y malos tratos judiciales, lo que llevó a algunos miembros a abandonar la comunidad para salvar la vida.

Las desgracias de Paul Sou comenzaron en 1745, cuando el magistrado le revocó su estatus de estudiante de astronomía, sometiendo a estrecha vigilancia su residencia y sus acciones. Durante la persecución desatada en Sichuán y Huguang en 1746, el gobernador de la ciudad de King-tang interrogó personalmente a los cristianos sobre Paul Sou más que sobre su fe. Al descubrir libros europeos, ornamentos litúrgicos y vino de misa en su residencia, el gobernador confiscó todo. Mientras los magistrados lo buscaban en Chengdu, el obispo Martiliat, tres misioneros europeos y el padre Gu huyeron a Cantón, mientras que Paul Sou escapó a Fujian, dejando atrás al padre Andreas Ly.

Cabe destacar que los magistrados perdonaron a Andreas Ly, pero siguieron buscando a Paul Sou, cuya notoriedad pública y conexiones con los misioneros europeos lo hacían un blanco preferente. Las persecuciones se vieron alimentadas por rumores³¹ de que los cristianos utilizaban dinero extranjero para corromper a la gente y celebraban reuniones secretas, lo que facilitaba que las autoridades lo relacionaran con esas acusaciones.

Fujian, adonde Paul Sou buscó refugio, tampoco era un lugar seguro para los cristianos. El obispo Sanz había sido decapitado en 1745 y muchos cristianos y sacerdotes dominicos habían sido encarcelados. Cuando Paul Sou llegó a Fujian en 1747, los cristianos le informaron de que las autoridades de Sichuán lo buscaban con gran insistencia. El vicegobernador general de Sichuán, agotado de la búsqueda, pidió ayuda a funcionarios de Pekín y Cantón. A pesar de estar escondido, Paul Sou continuó su labor pastoral, en especial visitando a los cristianos encarcelados, entre ellos cuatro sacerdotes dominicos. Su última visita registrada fue el 10 de diciembre de 1747, cuando les comunicó su plan de ir a Pekín para enfrentarse al príncipe Joseph Dé por las falsas acusaciones. Sin embargo, los sacerdotes le desaconsejaron hacerlo, prefiriendo el martirio.³²

Decidido, Paul Sou planeó viajar con el padre Dominique Yen a Macao en 1748. Antes de partir, presenciaron la cremación del cadáver del obispo Pedro Martire Sanz, recogiendo y conservando después los fragmentos óseos. Los mandarines, al darse cuenta de la presencia de Paul, emitieron una orden de arresto contra él y el padre Stephanus Pong. Informado de su paso por Jiangxi, Paul tuvo que ser cada vez más cauteloso.

Se multiplican las desgracias

El 13 de junio de 1748, Paul Sou, acompañado de un catequista y de su hijo mayor, viajó a Tchang-Tcheou con los huesos y las cenizas del obispo Sanz, con la intención de llegar a Macao. La comunidad cristiana los acogió calurosamente durante el trayecto, y llegaron sanos y salvos a Macao al cabo de cinco días. Paul entregó las reliquias al padre M. Mathias, procurador de las Misiones Extranjeras en Macao. Llevaba tres paquetes con huesos del obispo Sanz, cada uno sellado y con certificado de autenticidad, destinados a su casa de París, al obispo de Martiliat y al propio padre Mathias.

Ya instalado en Macao, Paul Sou escribió una carta detallada al padre de Bras, Superior General, el 25 de junio de 1748. Describía la situación en Sichuán, las persecuciones sufridas por los misioneros, el martirio de algunos cristianos —especialmente el obispo Sanz— y las amenazas que le obligaron a huir a Fujian y después a Macao. A pesar de las graves aflicciones, peligros y penas, Paul hallaba valor y consuelo en conformarse con la voluntad de Dios. Reconocía humildemente no ser digno del martirio, pero se consolaba al poder dar aliento y ayuda a los confesores de Jesucristo, visitándolos en prisión y contemplando con santa envidia su martirio.

En 1749, las persecuciones disminuyeron y los misioneros reanudaron el ministerio en las provincias. Paul Sou vio la oportunidad de cumplir una misión que los cristianos de Fujian le habían encomendado: entrevistarse con el príncipe Joseph Dé pèi en Pekín. A pesar de la oposición de los cuatro dominicos condenados a muerte, Paul se sintió obligado a ayudarles a ellos y a los cristianos de Fujian. El príncipe, sin embargo, rehusó recibirlo para no revelar su cristianismo secreto, lo que llevó al fracaso de la misión.

A finales de enero de 1750, Paul Sou regresó a Macao, exhausto y decepcionado por el fracaso. Buscó reunirse con el padre Miralta, procurador de la Propaganda, pero descubrió que había partido a Europa. El nuevo procurador era el padre Guglielmi. Paul se reunió con el padre Mathias y el padre Guglielmi para hablar sobre el futuro de la misión en Hia-Seu-Yang, provincia de Sichuán. Decidieron vender las propiedades de la iglesia para eliminar obstáculos a los apóstatas y encomendaron a Paul la tarea de recuperar a su hijo adoptivo, Laurent, que había perjudicado a la Iglesia. Paul aceptó regresar a Sichuán para cumplir esas misiones.

Los procuradores creían que solo Paul podía llevar a cabo esas delicadas tareas. Debía coordinarse con tres sacerdotes chinos al servicio de las Misiones Extranjeras: el padre Andreas Ly, conocido por su diario en latín enviado a París; el padre Stephanus Siu, lazarista que había servido en Sichuán y Huguang; y el padre Lucas Ly, natural de Fujian y formado en el Colegio de San José en Siam. Estos sacerdotes habían atendido la iglesia en Sichuán durante casi una década. La llegada de Paul suscitó reacciones encontradas, sobre todo en relación con los bienes y asuntos familiares. El procurador de las Misiones Extranjeras ordenó a los sacerdotes chinos que no interfirieran en las tareas de Paul.

En lugar de ir de inmediato a Sichuán, Paul decidió esperar en Macao a Laurent. Cuando éste llegó, expresó arrepentimiento, pidió absolución y juró no haber apostatado, aunque admitía no haber dado testimonio de su fe. Reconoció haber despilfarrado bienes de la Iglesia y aceptó restituirlos pese a no tener fondos ni recursos.

Hacia 1754-1755,³³ Paul Sou regresó a Sichuán para gestionar los bienes de la iglesia. El padre Lucas Ly anotó en su diario que el regreso de Paul obedecía a asuntos familiares, en concreto a la venta de la propiedad de su hijo adoptivo. Otros sacerdotes chinos lo despreciaban, convencidos de que no aportaba nada a la misión y de que solo se preocupaba por asuntos personales. A pesar de una carta del procurador de las Misiones Extranjeras, los malentendidos persistieron. La mala reputación de su hijo adoptivo, la delicadeza de sus encargos, su ausencia durante las persecuciones de Sichuán y su carácter llevaron a juicios severos. Paul se convirtió en objeto de burla entre los cristianos.

Al ver la rigidez de sacerdotes y fieles en Sichuán³⁴ y con un decreto de 1753 que confiaba oficialmente la provincia a las Misiones Extranjeras de París,³⁵ Paul aceptó su destino. Decidió volver a Macao y retirarse a la residencia de los dominicos. En 1756, Stephanus Su también regresó a Huguang, poniendo fin a la presencia de sacerdotes lazaristas en Sichuán tras más de cincuenta años de servicio.

Los viejos soldados nunca mueren, solo se desvanecen

Paul Sou se retiró con los dominicos en Macao, agotado por los años y sus incesantes actividades. Gracias a sus cartas al Superior General y a su correspondencia con el padre Monet,³⁶ uno de los tres vicencianos que conoció brevemente en Macao en 1732, conocemos parte de sus ocupaciones en el retiro. En Macao, dedicó su tiempo a instruir a jóvenes cristianos chinos, preparándolos como candidatos al sacerdocio o como catequistas, papeles cruciales en un tiempo en que los misioneros europeos tenían prohibida la entrada en las provincias. Algunos de esos jóvenes fueron enviados después a Nápoles para continuar sus estudios.

En un año y medio desde su llegada a Macao, Paul Sou consiguió enviar a cuatro jóvenes seminaristas chinos a Nápoles. Siguió de cerca el ejemplo de su mentor, el padre Müllener, aprovechando toda oportunidad para formar a los jóvenes como sacerdotes o catequistas, fiel al carisma de formación de la Congregación.

Si Paul Sou hubiera llevado un diario regular, hoy tendríamos una gran riqueza de información sobre su labor pastoral, las situaciones que enfrentó y las comunidades católicas a las que sirvió. Eso permitiría comparar sus experiencias con las recogidas por Andreas Ly y Lucas Ly, ofreciendo una visión histórica más equilibrada. No obstante, la documentación disponible resalta su valor y perseverancia en tiempos difíciles, brindando a la generación actual un ejemplo valioso de misión eficaz.

La situación de la Iglesia en China, en muchos aspectos, sigue sin cambios. Las persecuciones y opresiones continúan, así como las divisiones internas y los conflictos dentro de la Iglesia, aunque con otros protagonistas. El ejemplo de Paul Sou da testimonio de los retos permanentes y de la entrega inquebrantable que requiere la misión en cualquier época.

Paul Sou escribía regularmente informes a París y tomaba la iniciativa de ayudar a los nuevos misioneros europeos que llegaban a Macao enseñándoles la lengua china. En nuestra cultura, la gente suele aferrarse con tenacidad fanática a la unicidad del ser humano, creando una distancia percibida entre un héroe y una persona común. Los actos heroicos como el martirio o la fundación de nuevas misiones forman parte de las cualidades que definen a un héroe. Según esos criterios, Paul Sou podría parecer una figura ordinaria y fácilmente olvidable. Sin embargo, aunque no fuera tan talentoso o carismático como Andreas Ly, Paul Sou merece mayor atención y aprecio por sus aportaciones.

El anciano Paul Sou probablemente murió hacia 1767³⁷ en Macao, en el monasterio de los dominicos donde también había fallecido el padre Appiani. Mientras tanto, Stephanus Su tuvo escaso contacto con París. Dejó Sichuán por Huguang y probablemente permaneció allí hasta su muerte. La última noticia suya que llegó a París data de 1762; después no hubo más información. La muerte de estos dos vicencianos chinos marcó el final del primer episodio de la historia vicenciana en China. Durante varias décadas después de sus muertes, los vicencianos estuvieron ausentes de la misión en China.

La dedicación de Paul Sou, sus esfuerzos en la formación de nuevos misioneros y su comunicación constante con París reflejan una vida de servicio callado pero significativo. Aunque no fuera un héroe tradicional, su trabajo perseverante en tiempos difíciles constituye un ejemplo profundo de compromiso misionero. Su historia, junto con la de los primeros vicencianos en China, permanece como testimonio del espíritu perdurable de la misión frente a la adversidad.

Yohanes Kusno Bintoro, CM
Fuente: Studia Vincentiana, Volume 2, Number 2 (2024),
DOI: https://doi.org/10.3531

Notas:

31 La figura más destacada detrás de estos rumores fue Chou Hue-Chien, gobernador general de Fujian. Fue él quien envió al emperador un memorial lleno de odio hacia el cristianismo. El emperador reaccionó rápidamente emitiendo un edicto el 2 de agosto de 1746, ordenando a todas las autoridades provinciales realizar una búsqueda rigurosa de europeos escondidos en las provincias para arrestarlos y deportarlos a Cantón.

32 Los cuatro sacerdotes dominicos eran Joaquín Royo, Francisco Serrano, Juan de Alcober y Francisco Díaz, todos españoles. El 28 de diciembre de 1746, el gobernador general de Fujian y Zhejiang, Chou Hsueh-chien, los condenó a ser decapitados. (Véase Joseph Krahl, China Missions in Crisis, Bishop Laimbeckhoven and his times 1738-1787, Gregorian University Press, Roma, p. 51). Su martirio tuvo lugar en 1749. Junto con el obispo Pedro Mártir Sanz, fueron incluidos en el grupo de 120 santos conocidos colectivamente como los «Santos Mártires de China», canonizados el 1 de octubre de 2000 por el papa Juan Pablo II.

33 Cf. van den Brandt, (1937), p. 7-8. Paul Sou dejó Sichuán definitivamente en 1753. Probablemente consideraba que, en ese momento, la provincia de Sichuán había sido oficialmente confiada a las Misiones Extranjeras de París, lo que puso fin al servicio de los sacerdotes de la Propaganda de la Fe.

34 La persecución tuvo lugar el 28 de junio de 1754, cuando las autoridades descubrieron al sacerdote europeo Lefebvre, recién llegado a Chengdu y hospedado en casa de Andreas Ly junto con Stephanus Siu, el guía de Lefebvre Jacobus Ouang (王) y otros. Este suceso, conocido como «El incidente Lefebvre de 1754», ocasionó castigos a los implicados, incluida la deportación de Lefebvre. (cf. Robert Entenmann, The Lefebvre Incident of 1754, en A Voluntary Exile: Chinese Christianity and Cultural Confluence since 1552, Anthony E. Clark [ed.], Lehigh University Press, Lanham, Maryland, 2014, p. 63-71). Aparentemente Paul Sou llegó en el peor momento.

35 Charbonnier, Fr. Jean, Christians in China (Kindle Locations 4207-4208). Ignatius Press. Edición Kindle.

36 Los archivos de la casa de Turín han conservado dos de sus cartas al padre Monet.

37 El obispo de Saint-Martin, coadjutor del vicario apostólico de Sichuán, escribió el 15 de noviembre de 1785: «El padre Sou murió en Cantón hace entre 12 y 15 años»; lo que situaría su fallecimiento entre 1770 y 1773. Pero, a juzgar por una carta del padre Sou, debió de morir en Macao y no en Cantón.

 

Referencias:

  • Allen, Robert C. 2011. «Wages, prices, and living standards in China, 1738–1925: in comparison with Europe, Japan, and India», en Economic History Review, 64, S1.
  • [Archives des Missions Étrangères, de la Société des Missions Étrangères de Paris] (abreviado AME), seguido del número de volumen y número de página.
  • Chang, Ping-Ying. 2012. Chinese Hereditary Mathematician Families of the Astronomical Bureau, 1620-1850, CUNY, Nueva York, tesis doctoral inédita.
  • Charbonnier, Jean-Pierre. 2007. Christians in China AD 600 to 2000, Ignatius Press, San Francisco.
  • Clark, Anthony E. 2014. A Voluntary Exile, Chinese Christianity and Cultural Confluence since 1552, Lehigh University Press, Boston.
  • Entenmann, Robert. 1995. «Chinese catholic clergy and catechists in eighteenth-century Szechwan» en variétés sinologiques – nouvelle série, vol. 78.
  • Entenmann, Robert E. 1996. «Christian Virgins in Eighteenth-Century Sichuan», en Christianity in China. From the Eighteenth Century to the Present (Daniel H. Bays, ed.). Palo Alto: Stanford University Press.
  • Entenmann, Robert E. 2014. The Lefebvre Incident of 1754, en A Voluntary Exile: Chinese Christianity and Cultural Confluence since 1552, Anthony E. Clark (ed.), Lehigh University Press, Lanham, Maryland.
  • Entenmann, Robert E. 2017. «A Mission without Missionaries: Chinese Catholic Clergy in Sichuan, 1746-1756», en Sinicizing Christianity (Zheng Yangwen, ed.), Brill, Boston.
  • Jaschok, Maria y Shui Jingjun. 2011. Women, Religion, and Space in China, Nueva York, Routledge.
  • Krahl, Joseph. 1964. China Missions in Crisis, Bishop Laimbeckhoven and his times 1738-1787, Gregorian University Press, Roma.
  • Knt, A.L. 1832. Contribution to an historical sketch of the Portuguese settlements in China, Principally of Macao, of the Portuguese envoys & Ambassadors to China, of the Roman Catholic Mission in China and the Papal legates to China, Macao.
  • Ly, André. 1906. Journal D’André Ly prêtre chinois, missionnaire et notaire apostolique, 1746-1763 (introducción de Adrien Launay), Alphonse Picard et Fils, editores, París.
  • Manna, Paolo M. Ap. 1921. Conversion of Pagan World, Boston.
  • Milon, A. 1911. Memoirs of the Congregation of the Mission (Lazarists), La Congregation de La Mission en Chine, Nouvelle Edition, Tome I, à la Procure de la Congregation de la Mission, París (traducido por Hippolyte Henk De Cuijpers, inédito).
  • Mote, Frederick W. 2000. Imperial China 900–1800 (2ª ed.), Harvard University Press, Cambridge.
  • Playfair, James, D.D. 1813. A System of Geography, Ancient and Modern, Vol V, Edimburgo.
  • [Superior General]. «Circulars, volume 1: 1642-1762» (1642). Circular Letters of Superiors General. 3. https://via.library.depaul.edu/cm_clsg/3
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