Hacer el bien al igual que Jesús, el Mesías

por | Dic 11, 2025 | Formación, Reflexiones, Ross Reyes Dizon | 0 Comentarios

Jesús es el Ungido y Enviado de Dios, y no hay otro.  Queda claro que lo es, pues pasa por todas partes para hacer el bien.

Recorre Jesús toda Galilea para hacer el bien.  Mas al enterarse Juan en la cárcel de lo que hace Cristo, manda a dos discípulos para preguntarle:  «Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?».

Juan, por lo visto, no toman las obras de Jesús por señales de que él es el Mesías.  El preso duda de Jesús o quizás se empiece a angustiar ante la muerte.  O no tenga la paciencia del labrador.  De todos modos, se ve que le falta al Bautista lo que les sobra a los fariseos y los saduceos:  el estar demasiado seguro de sí mismo y de todo.

Mas de tal estar seguro nacen la cerrazón, la obstinación, la arrogancia, el desprecio de los demás.  Y huelga decir que esas actitudes hacen difícil la conversión, el cambio de modo de ser, pensar, actuar.

Las dudas de Juan abren camino, pues, a que cambie él de modo de pensar sobre el Mesías.  Y este cambio de modo de pensar es lo que justo quiere ver Jesús en su precursor.  Por lo tanto, le aclara su condición de Mesías:  en vez de juzgar, de condenar, de destruir, él sana, cura, restaura.

Es decir, Jesús es el Mesías que se dedica a curar heridas y aliviar a los que sufren.  Es compasivo como su Padre que lo ha enviado, ungido con el Espíritu Santo, para anunciar la Buena Noticia a los pobres.

La compasión, pues, y no el sensacionalismo, lo impulsa a hacer el bien.  No, no hay manifestaciones espectaculares de poder violento, no hay castigos.  Ni fuego en el que se queman los árboles estériles y la paja.

El modo de proclamar y actuar de Jesús es diferente a los modos al uso.  Hay, pues, los que se escandalizan.

Señor Jesús, buscamos conformar nuestra vida con la que tú llevaste en la tierra (SV.ES XI:323).  Concédenos, pues, anunciar la Buena Noticia a los pobres y no cansar de hacer el bien.  Haz que seamos compasivos, en lugar de ser jueces rigurosos de los demás.  Y no dejes que nos motive la vanidad o el respecto humano (SV.ES XI:313; 750).  Concédenos también ser firmes y sencillos, al igual que tú y Juan.  Y amar hasta el fin, hasta entregar nuestro cuerpo y derramar nuestra sangre.

14 Diciembre 2025
Domingo 3º de Adviento (A)
Is 35, 1-6a. 10; Stg 5, 7-10; Mt 11, 2-11

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