Mirar hacia arriba • Una reflexión con Isabel Ana Seton
Te invitamos a descubrir a Santa Isabel Ana Seton a través de sus palabras: la primera ciudadana nacida en los Estados Unidos en ser canonizada y una figura fundamental en el catolicismo estadounidense y la Familia Vicenciana.
Los escritos de Isabel Ana Seton, marcados por una fe profunda, una ternura maternal y una confianza inquebrantable en la Divina Providencia, nos ofrecen una ventana a su camino espiritual y a los retos a los que se enfrentó como mujer, madre, educadora y fundadora. Aunque fueron escritos hace más de dos siglos, sus reflexiones siguen estando vigentes hoy en día, especialmente cuando buscamos responder con compasión y valentía a las adversidades de nuestro tiempo.
Texto de Isabel Ana Seton:
«Él está conmigo, ¿y qué puedo temer? No miro ni atrás ni adelante, solo hacia arriba».
– Sta. Isabel Seton, Collected Writings, Vol. 1 p. 225, 432.
Comentario:
En esta declaración tan sencilla como luminosa, santa Isabel Ana Seton expresa la esencia de un alma anclada en la confianza divina. No son las palabras de alguien que haya sido librada del sufrimiento, sino el fruto de quien ha atravesado el fuego y ha encontrado su refugio solo en Dios. Sus palabras evocan el valor sereno que brota de vivir en la presencia de Dios, no en el pasado, ni temiendo el futuro, sino en el ahora, con la mirada fija en Aquel que siempre es fiel.
Desde una perspectiva vicenciana, esta espiritualidad no es solo contemplativa; es profundamente activa. Vivir con los ojos “solo hacia arriba” significa encontrar en Dios la fuerza para servir a los demás, especialmente a aquellos que tienen muchas razones para temer. En los pobres, los enfermos y los marginados vemos reflejos de Cristo que nos llama a mirar hacia arriba y hacia afuera con amor.
“Él está conmigo”: El fundamento del valor
Todo en esta cita gira en torno a esta frase inicial. Seton no dice que siente que Dios está con ella; lo afirma con certeza. “Él está conmigo.” Ese es el fundamento de su paz. Evoca las promesas de la Escritura: “Yo estoy con vosotros todos los días” (Mateo 28,20), “No temas, porque yo estoy contigo” (Isaías 41,10). La presencia —no las soluciones ni los resultados— es lo que calma el corazón.
En la tradición vicenciana, esta convicción da lugar a la acción. Saber que Dios está con nosotros nos permite entrar en los lugares de sufrimiento con compasión y valentía. San Vicente recordaba a sus seguidores que Cristo está presente en los pobres, no en teoría, sino en realidad. Seton hace eco de esta teología encarnada: Dios no es un ser lejano; camina con nosotros, especialmente en medio de las tormentas.
Esta presencia no elimina las dificultades, pero las transforma. Cuando vivimos con la conciencia de que nunca estamos solos, el miedo pierde su poder. Seton, que enfrentó la viudez, la pobreza y la exclusión social, conoció bien el miedo. Pero también conoció a Aquel que lo venció.
“¿Y qué puedo temer?”: Una rebeldía espiritual
La pregunta de Seton no es retórica; es una rebeldía espiritual. No está negando la existencia de motivos para tener miedo. Está proclamando que el miedo no tiene autoridad frente a la presencia de Dios. Esta es una verdad profundamente vicenciana: no minimizamos el sufrimiento, pero lo vemos a la luz de la Providencia divina.
“¿Y qué puedo temer?” es una pregunta que todo cristiano debe responder. Para los vicencianos, se vuelve especialmente urgente cuando servimos a quienes viven marcados por la injusticia estructural y la inseguridad material. El miedo es real y, para los pobres, a menudo constante. Pero no tiene por qué paralizar. Cuando servimos en nombre de Cristo, cuando actuamos fundamentados en la oración, llevamos con nosotros una paz que el mundo no puede dar.
La valiente pregunta de Seton se convierte en una oración de resistencia frente a la desesperanza. Nos invita a confiar no en nuestras capacidades, sino en la cercanía de Dios.
“No miro ni atrás ni adelante”: La disciplina del momento presente
En un mundo adicto a la nostalgia y a la ansiedad, Seton nos llama a una práctica radical: la disciplina de la presencia. Se niega a definirse por su pasado o dejarse consumir por su futuro. No es escapismo; es madurez espiritual.
“No mirar ni atrás ni adelante” es una gracia. Muchos están atrapados en sus fracasos o heridas del pasado, o paralizados por lo que pueda venir. Seton, que perdió a su esposo a una edad temprana y tuvo que tomar decisiones imposibles por el bien de sus hijos y su futuro, ciertamente tenía razones para mirar hacia ambos lados. Pero eligió mirar hacia arriba.
Esta espiritualidad vicenciana está anclada en el momento presente. Servimos hoy. Amamos ahora. Los pobres no nos necesitan mañana: nos necesitan ahora. Y Dios nos espera en el ahora. Cuando aprendemos a habitar el presente, a encontrar a Dios allí, nos volvemos más disponibles para los demás y más abiertos a la gracia.
“Solo hacia arriba”: La postura de la confianza y la adoración
La imagen es poderosa. Mirar “solo hacia arriba” es adoptar la postura del niño que levanta la mirada hacia su padre, del siervo que espera la palabra del Señor, del alma rendida en oración. Es la postura de quien sabe de dónde viene su ayuda: “Levanto mis ojos a los montes, ¿de dónde me vendrá el auxilio? El auxilio me viene del Señor” (Salmo 121,1–2).
Mirar hacia arriba no es evitar la realidad: es anclarse en una realidad más grande. Es colocar nuestra esperanza última en el cielo, incluso mientras caminamos por las dificultades de la tierra. Es una espiritualidad vicenciana que nos mantiene enraizados en la oración, incluso cuando trabajamos en medio de la pobreza, la injusticia y el dolor.
Para Seton, mirar hacia arriba no significaba huir del sufrimiento. Significaba mantener el alma anclada, la misión enfocada y la esperanza firme.
Sugerencias para la reflexión personal y diálogo en grupo:
- ¿Cómo experimentas la presencia de Dios en tu vida diaria? ¿Puedes decir con confianza: “Él está conmigo”?
- ¿Qué temores enfrentas actualmente? ¿Cómo podría Dios estar invitándote a confiar más en su cercanía?
- ¿Sueles quedar atrapado mirando atrás con pesar o adelante con preocupación? ¿Qué te ayuda a vivir el presente?
- ¿Qué significa para ti “mirar solo hacia arriba”? ¿Cómo puede esto formar parte de tu oración y tu servicio?
- ¿Cómo puede tu propia confianza en Dios ayudar a liberar del miedo a los demás, especialmente a quienes sufren o viven en la inseguridad?















0 comentarios