Frutos que exige la conversión

Ross Reyes Dizon
4 diciembre, 2025

Frutos que exige la conversión

por | Dic 4, 2025 | Formación, Reflexiones, Ross Reyes Dizon | 0 Comentarios

Jesús es la vid y sus discípulos son las ramas.  Quiere decir esto que ellos darán frutos solo si se unen a él y él se une a ellos. 

Juan los llama «raza de víboras» a los fariseos y los saduceos.  Les dice que han de dar ellos los frutos que pide la conversión.

Convertirse es lo que pide Juan que haga la gente, que está cerca el reino del cielo.  Mas se les urge de forma más dura a los más piadosos y más estrictos observantes judíos.  Da a entender así que no se trata de arrepentirse de los pecados no más; se trata de un cambio radical (Comentarios al evangelio 4).  Es decir, se les exige a todos tal conversión cual la de un gentil que se incorpora al judaísmo.

Y así es la conversión del señor Vicente.  Se encuentra él en París, «pobre, triste, sin beneficio y sin trabajo».  Queda claro, pues, que sus esfuerzos no han dado los frutos esperados.

Con todo, no deja de esperar que Dios le conceda pronto el medio de obtener un honesto retiro (SV.ES I:88).  Pero hay que admitir también que el señor Vicente busca aún sus intereses, y no los de los demás.

Frutos que pide la conversión. 

Su conversión empieza al decidir él consagrar el tiempo que le queda de vida a los pobres (J. Delarue).  Determina, sí, seguir al Enviado para anunciar la Buena Noticia a los pobres.  Al que defiende con justicia al desamparado y acoge a los judíos y a los gentiles.

Desde entonces ya dan frutos los trabajos del señor Vicente a causa de la savia productiva de la vid.  Se les reforma, por lo tanto, a los ministros de la Iglesia; a los pobres se les anuncia la Buena Nueva de todas las formas (SV.ES XI:392-393).

Así que el que ha tratado de alejarse de los pobres, al fin, capta que él es de ellos.  Alejarse de ellos es negarse a sí mismo.  Pues llega a darse cuenta de que él es el más pobre de los pobres (H. O’Donnell).  Se fía del todo, por lo tanto, de Dios, el autor de todo lo bueno; a él se le han de atribuir todos los éxitos y frutos buenos (SV.ES VII:250).  No valen nada los privilegios, los títulos, los modos de vestirse nobles.

Señor Jesús, no nos dejes ser hijos e hijas pigmeos de un padre gigante.  Concédenos también recorrer caminos nuevos y cantar, pues, un cántico nuevo y dejar que la antigua ley ceda paso al nuevo rito.  Y haz que atribuyamos siempre, al igual que María, todos los frutos buenos al Poderoso que hace obras grandes por nosotros.

7 Diciembre 2025
Domingo 2º de Adviento (A)
Is 11, 1-10; Rom 15, 4-9; Mt 3, 1-12

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