Te alabo Padre, Señor del cielo y de la tierra
Is 11, 1-10; Sal71; Lc 10, 21-24.
Tatiana Góricheva, dirigente de la juventud comunista, vivió una etapa atormentada por angustias incomprensibles y una melancolía sin límites. Sin esperanzas de un futuro mejor, se refugió en una vida de excesos, en compañía de gente de los estratos más bajos. Cansada y desilusionada de la vida se interesó por las filosofías occidentales y orientales y se dedicó al yoga. Un día, repitiendo mentalmente el Padrenuestro de un modo inexpresivo y automático, se sintió transformada por completo. Comprendió “con todo su ser, que Dios existe… un Dios que por amor se hizo hombre”. Es más fácil para el pecador humilde y arrepentido descubrir los secretos del Reino, que para uno montado en su autosuficiencia y orgullo.
Jesús da las gracias al Padre porque ha revelado estas cosas del reino a los sencillos, a los que no tienen voz ni voto, y se las ha ocultado a los entendidos que todo lo creen saber. Ante la revelación de Dios y de su amor, todos somos pupilos que no han iniciado ni primaria. Sólo quien lo reconoce está preparado para escuchar. Y luego, en la medida en que lo va viviendo, se le concederá entenderlo.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Benjamín Romo Martín C.M.













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