Casi uno de cada ocho estadounidenses se enfrentó a la inseguridad alimentaria, según un informe del Departamento de Agricultura de Estados Unidos de 2022. La Universidad de Saint Mary de Leavenworth está cultivando soluciones a través de la sencilla restauración de un invernadero que ha florecido hasta convertirse en una iniciativa de justicia alimentaria, encarnando el llamamiento del papa Francisco a escuchar tanto “el clamor de la tierra como el clamor de los pobres”. Gracias a los esfuerzos de dos profesores de la USM, los estudiantes podrán vivir una experiencia práctica de cuidado tanto de la tierra como de los necesitados.
La ecología integral, un concepto introducido por el papa Francisco en su encíclica Laudato Si’, afirma que todas las relaciones influyen en las personas y en el planeta.
El proyecto de la universidad comenzó como ideas dispersas, pero Ken Slover vio la oportunidad de unirlas. “Todo está conectado —explica Slover—. Tenemos una experiencia transformadora para que el estudiante vea. No solo un ‘Estoy aquí cultivando cosas para mi propio uso’, sino cómo esto puede impactar en la comunidad”.
Cuando la doctora Nicole Lindor Walker, profesora adjunta de biología con un doctorado en biología vegetal, se incorporó a USM el pasado otoño, asumió con entusiasmo el reto de revitalizar el invernadero de la universidad. “Tenía muchas ganas de volver a introducir las plantas en mis clases. Quería un lugar donde pudiéramos tenerlas, hacer investigaciones con estudiantes, cultivar alimentos y enseñarles a los estudiantes cómo cultivar alimentos”, explica.
Un sencillo proyecto de limpieza se transformó rápidamente en un club llamado Leafing a Legacy (“Dejando un legado verde”), nombre elegido en honor al legado de sostenibilidad de las Hermanas de la Caridad de Leavenworth. El club ha pasado de tener dos estudiantes en su primera reunión a contar con más de veinte miembros, la mayoría de ellos de primer año, que esperan seguir implicados en el proyecto a lo largo de sus estudios.
“Los estudiantes se lo pasaron genial —comenta Walker—. Siempre buscan oportunidades para hacer voluntariado. Siempre buscan ocasiones para meter las manos en la tierra”.
Mientras tanto, Lucy McIntyre, directora y profesora del programa de trabajo social, está desarrollando una asignatura sobre justicia alimentaria que se lanzará el próximo año. Basándose en su experiencia profesional en bienestar social y en su experiencia personal dirigiendo un banco de alimentos comunitario, el curso de McIntyre explorará cómo las políticas y prácticas históricas han hecho que el acceso a los alimentos sea más fácil para unos y más difícil para otros.
La asignatura combinará teoría y práctica, ya que los estudiantes crearán un huerto en el campus y elaborarán un plan de sostenibilidad. “Quiero que sea una clase muy práctica, en la que salgamos y hagamos cosas —explica McIntyre—. Van a construir y a trabajar en el desarrollo del huerto, además de realizar actividades académicas más tradicionales”.
McIntyre planea centrarse en los aspectos de justicia racial y en cómo los sistemas alimentarios se ven afectados. “Creo que el acceso a una alimentación saludable y sostenible es un derecho humano. Pero no solemos hablar de ello de esa manera”, afirma. Esta perspectiva sitúa la iniciativa de USM dentro del movimiento nacional por la justicia alimentaria, que aborda cómo la producción, distribución y consumo de alimentos reflejan y refuerzan las desigualdades sociales, especialmente en las comunidades racializadas y en los barrios de bajos ingresos que a menudo se describen como “desiertos alimentarios”.
Cada uno de los profesores espera que estos esfuerzos puedan ir más allá del campus. Una idea es asociarse con el programa de empresariales para vender productos en mercados agrícolas o invitar a estudiantes de primaria y secundaria a aprender sobre jardinería comunitaria. Walker ve un gran potencial en este enfoque colaborativo: “No se trata solo del curso o del trabajo de una persona, sino que realmente somos interdisciplinarios en nuestros proyectos”.
A medida que el proyecto sigue desarrollándose, la sostenibilidad sigue siendo una prioridad. El equipo está considerando ofrecer becas a los estudiantes líderes y encontrar formas de mantener el huerto más allá del curso de McIntyre. Su objetivo es abordar la inseguridad alimentaria tanto en el campus como en la comunidad más amplia de Leavenworth.
“Tenemos que soñar en grande —dice Walker—. Creo que esto es algo realmente factible. Es plausible. Ya lo hemos empezado. Solo tenemos que continuar por este camino. Y mientras los estudiantes estén interesados, es cuando debemos aprovecharlo”.
A través de la recuperación del invernadero, el club estudiantil y la asignatura de justicia alimentaria, USM está formando a una nueva generación de estudiantes que comprenden la interconexión entre el cuidado del medio ambiente y la responsabilidad social.
Este artículo apareció en la edición de verano de 2025 de Voices of Charity.
Fuente: https://www.scls.org/













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