“No sé si soy terco o perseverante, porque no pierdo la esperanza de ayudar a la SSVP”.
¡No dejar morir el sueño de Ozanam y sus amigos! Ese es el papel de un vicentino del Maranhão (Brasil), apasionado por la Sociedad de San Vicente de Paúl (SSVP), que ha visto de cerca el debilitamiento de las Conferencias de su región, ha afrontado problemas de salud y ¡no se ha rendido! Te presentamos, querido lector o lectora, a don Getúlio do Espírito Santo Torres, de 83 años, residente en Imperatriz, en el estado de Maranhão, desde hace 52 años.
Natural de Floriano, en el estado de Piauí, don Getúlio conoció la SSVP en Maranhão hace 45 años, ya de adulto, como una auténtica obra del Espíritu Santo, igual que su apellido. “Siempre fui a la iglesia con mi madre, pero ya de adulto hice un curso de cristiandad, aunque noté que era muy elitista. Entonces, un día pasaba por la calle y vi a un grupo reunido en un garaje; me llamó la atención. Entré, y era la SSVP. Aquel día no entendí muy bien de qué se trataba, pero me dio curiosidad y empecé a volver, y ya nunca más me fui”, cuenta.
Aquel “grupo en el garaje” era la Conferencia Nuestra Señora de Fátima, que lo recibió con los brazos abiertos. Allí comenzó como secretario, encargado de redactar las actas. “Yo pensaba que no tenía suficiente conocimiento. Acepté y seguí adelante. Estuve varios años, luego fui presidente de la Conferencia de la Parroquia Santa Teresa de Ávila. Fui presidente nombrado del Consejo Particular Santa Teresa de Ávila para poner en marcha los trabajos allí”, recuerda.
Don Getúlio cuenta con tristeza que, a lo largo de los años, ha visto cómo la SSVP en Imperatriz se fue debilitando, cómo los vicentinos envejecían y los jóvenes no se incorporaban a las Conferencias. “La gente fue envejeciendo, y hoy estamos en una situación un poco delicada, pero aun así, aquí sigo colaborando en la medida de lo posible. Todavía tengo un poco de energía para gastar, y hay que trabajar y entregarse a Dios y a la SSVP. Gracias a Dios, mi mente está bien, y quiero seguir dedicándome un poco. Solo no quiero estorbar. Mientras pueda ayudar, haré mi trabajo”, explica.
Y ¡cómo trabaja por su amada SSVP! En su casa, junto con su familia, ha recibido en varias ocasiones a misioneros de todo Brasil durante las misiones en Maranhão, ocupándose de la comida, de la buena conversación y acompañándolos en las visitas. Todo muy natural para un vicentino, si no fuera por un pequeño detalle: en 2015 don Getúlio sufrió un problema de circulación que, unido a la diabetes, le obligó a amputarse los dedos de uno de los pies. El problema le dejó en silla de ruedas durante un tiempo. “Gracias a Dios y a san Vicente de Paúl, que me echaron una mano, volví a caminar, renqueando, pero estoy feliz”, dice bromeando sobre su propia situación.
Renqueando o no, ha hecho y sigue haciendo cuestión de honor acompañar a los misioneros de la Missão Maranhão en sus recorridos, acompañado de su hija Teresa, o recibiéndolos para un café, un almuerzo o un momento de preparación. Y para ello, reúne a sus hijos. “Para quienes no tenían alojamiento, hicimos gestiones y conseguimos hospedaje en casa de los vecinos, incluso en casa de miembros de la Iglesia Evangélica”, recuerda.
¡Y con qué cariño fueron recibidos los misioneros en casa de don Getúlio! “En el desayuno había cuscús, huevos cocidos, pan, bizcocho, frutas y café. Nos organizábamos bien. Y para el almuerzo, lo habitual: gallina de corral. Eran tiempos felices”, relata, recordando que su hija Rosângela cocinaba para los misioneros.
Y feliz sigue don Getúlio en sus actividades vicentinas. En noviembre del año pasado participó en la 117.ª Peregrinación Vicentina en São Luís (Maranhão); aún asiste a las reuniones de la Conferencia Cristo Salvador, realiza visitas, distribuye cestas básicas acompañado de su hijo Daniel y participa todos los días en la Santa Misa. “Hoy mi Conferencia tiene muchos jóvenes, gracias a Dios, después del trabajo de las Misiones, y el presidente del Consejo Particular también es joven. Eso me da mucha alegría”, celebra.
Don Getúlio es un ejemplo de que la dedicación, la fe, el propósito y la perseverancia, unidos a las acciones concretas, conducen a cambios reales y positivos. Con pesar, vio cómo la SSVP en su ciudad y región se “marchitaba”, y con alegría hoy celebra el regreso de la juventud a la Sociedad en Maranhão. “Fue muy triste ver a la SSVP pasar por aquella situación; hay días en que lloro por dentro, por querer ayudar. Poco a poco fuimos aceptándolo y actuando. No sé si soy terco o perseverante, porque no pierdo la esperanza de ayudar a la SSVP. Soy consciente de que no puedo asumir responsabilidades, pero para lo demás, aquí estoy: para una charla, una palabra, un consejo, una ayuda. Solo dejaré de ser vicentino el día que Nuestro Señor me lleve. Allí estaré en casa, con los amigos. Mi sueño es ver crecer a la Sociedad”, concluye entre lágrimas, pero de alegría, como se apresura a subrayar.
Fuente: https://www.ssvpbrasil.org.br/















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