Jesús, el Rey y Señor, está cerca. Vestirse de él quiere decir entrar con él en el gozo del reino de Dios.
Oímos hoy a Pablo animar a los cristianos de Roma a vestirse del Señor Jesucristo. Se les anima de forma similar a los cristianos de Éfeso a vestirse de lo nuevo y a renunciar a lo viejo. Y apartarse así de lo viejo para unirse a lo nuevo es lo que es más acorde a esos últimos días. Son días de la luz y no de las tinieblas.
Claro, leemos las palabras de Vicente a Antonio Durand. Anima Vicente a Antonio vaciarse de sí para vestirse de Jesucristo (SV.ES XI:236). Y se nos da a entender que vestirse de Jesucristo es lo mismo que esto: vivir en Jesucristo por la muerte de Jesucristo; morir en Jesucristo por la vida de Jesucristo; ocultarse en Jesucristo y llenarse de Jesucristo; morir al igual que Jesucristo entraña vivir al igual que Jesucristo (SV.ES I:320).
Tal compenetración, tal comunión, no puede sino querer decir obrar por la paz y la justicia y el bien común. Esto lleva también a que se esté en vela y en espera activa de la venida definitiva de Jesucristo en su gloria.
Señor Jesús, concede a cada discípulo comer a la mesa de tu palabra. Pues no conocer la palabra es no conocerte a ti y, por lo tanto, no vestirse de ti. Y ella le enseñará la forma concreta de de ser al igual que tú. Concédele también comer a la mesa de tu cuerpo y sangre. Tendrá así la fuerza para vivir de acuerdo con lo que le dé a conocer tu palabra.
30 Noviembre 2025
Domingo 1º de Adviento (A)
Is 2, 1-5; Rom 13, 11-14; Mt 24, 37-44













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