“Cuídense de que nadie los engañe”
Dn 2, 31-45; Dn 3; Lc 21, 5-11.
Hoy agradezcamos a Abba Dios porque, así como ha permitido que surjan grandes imperios en la historia de la humanidad, también ha permitido que sean alternados unos por otros, mostrando sus fragilidades, y desde la plenitud de los tiempos, con la venida de su Hijo Jesús, nos ha concedido la esperanza cierta de que todo será restaurado por los criterios del Evangelio del Reino de Dios.
Aprovechemos este día para pedir al Señor Jesús que, así como va concluyendo nuestro ciclo litúrgico, y ya dentro de poco, también nuestro año civil, sepamos poner en sus manos todos los proyectos que hemos venido desarrollando, con la confianza de que Él llevará a cumplimiento lo que sea para su gloria, para la salvación de nuestros hermanos y para nuestra mejor unión con Él; pero conscientes, también, de que aquello que no sea para nuestro bien, se esfumará como la espuma.
Ofrezcamos, por tanto, al Espíritu Santo, estar bien dispuestos a ser renovados, piedra por piedra, para que quede lo fundamental de nuestra persona, de nuestra Historia de Salvación y de la historia de la humanidad, y anhelando querer lo que Él quiere y como Él lo quiere.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Erick Fernando Martínez B. C.M.








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