El 22 de noviembre de 2025 será recordado durante mucho tiempo como un hito para la Familia Vicenciana en todo el mundo. Representantes de numerosos países y de todas las generaciones —entre ellos miembros del Consejo Ejecutivo y del personal de la Oficina de la Familia Vicenciana— se reunieron en Filadelfia para celebrar el décimo aniversario de la Oficina de la Familia Vicenciana y para rendir homenaje al servicio entregado del P. Joseph “Joe” Agostino, C.M., quien ha liderado fielmente la Oficina como su Director Ejecutivo desde su creación.

Fila superior: P. Guillermo Campusano CM, P. Tomaz Mavric CM, Wendy Guzman, Maureen Reiser, Hno. Broer Huitema CMM, Sebastian Gramajo, Hna. Teresa George SC, Hna. Eileen Haynes SCL, Hna. Marie Petra SC. Fila inferior: Hno. Lawrence Obiko CMM, Guillermina Vergara, Hna. Grace Hartzog SC, Clare Balo, Hna. Ellen Marie Hagar HC, Hna. Françoise Petit HC, Hna. Julie Kubasak HC, Tadye de Callataÿ, P. Gregg Banaga CM.
Reflexiones matinales y una conversación global
El día comenzó con sesiones matinales de oración, discernimiento y reflexión: una ocasión para que los participantes mirasen atrás a una década de misión en colaboración y para soñar con valentía el futuro.
Visita al nuevo Museo Mariano
A las 13:30 h, el grupo realizó una visita al nuevo Museo Mariano, inaugurado con la bendición del P. Tomaž. Mary Jo Timlin Hoag, Directora de la Asociación Central de la Medalla Milagrosa (CAMM), guio a los participantes por las exposiciones del museo, ofreciendo una visión de su misión y su relevancia cultural.
Compartir y diálogo
A las 14:30 h, el grupo celebró su sesión de puesta en común y diálogo, retransmitida en directo para toda la Familia Vicenciana en todo el mundo.
Una selección de imágenes de estos momentos de fraternidad e intercambio ayuda a revivir el espíritu del encuentro:
Solemne Eucaristía en la Fiesta de Cristo Rey
A las 17:30 h, la celebración alcanzó su punto espiritual más alto con la Eucaristía de la Solemnidad de Cristo Rey: una misa de acción de gracias y despedida para el P. Joe Agostino, C.M., quien la presidió.
Una homilía llena de valentía, misión y fuego
En su conmovedora homilía, el P. Agostino invitó a toda la Familia Vicenciana a reclamar la dignidad que Dios les ha dado y a avanzar hacia el futuro con una esperanza valiente. A partir de la historia de dos campesinos en Notre Dame, nos recordó que, mediante el bautismo, todo cristiano es ungido como sacerdote, profeta y rey, llamado alzarse como hijo de Dios.
«¡Nadie tiene el poder de arrebataros vuestra dignidad, nadie!», proclamó. Ni gobernantes, ni gobiernos, ni líderes religiosos, ni siquiera uno mismo en los días difíciles. Esa dignidad, subrayó, procede solo de Dios.
El P. Agostino también destacó la paradoja de la realeza de Cristo: no marcada por la gloria terrena, sino por la Cruz, donde Jesús ofreció esperanza incluso al ladrón moribundo: «Hoy estarás conmigo en el Paraíso». De esa misma esperanza, insistió, brota la llamada del cristiano a la perseverancia y a la misión, porque «¡Jesús es Rey!» —un grito repetido con alegría en toda la asamblea.
Recordó a la Familia el Reino que Cristo nos llama a construir: un reino de verdad, vida, santidad, gracia, justicia, amor y paz. Haciendo eco de san Vicente de Paúl, animó a todos los presentes a ser «mensajeros de esperanza», estando del lado de los oprimidos y defendiendo la justicia.
Su mensaje se dirigió personalmente a todos los ámbitos de la Familia Vicenciana:
- A los miembros mayores, cuya oración y sabiduría avivan el fuego del carisma.
- A los miembros más jóvenes, animados a no perder nunca la pregunta que encendió la misión vicenciana: ¿Qué se debe de hacer?
- A los laicos, la gran mayoría de la Familia Vicenciana, cuya humilde dedicación encarna la presencia de Cristo entre los pobres.
- A todas las ramas, cada una un faceta única de un hermoso diamante, llamadas a pensar en el “nosotros” antes que en el “yo” y a comprender que solo juntos brillará con más fuerza el carisma vicenciano.
El P. Agostino concluyó con un agradecimiento sincero por el privilegio de servir a la Familia durante más de una década: años llenos de aprendizaje, amistad, desafíos, gracia, riqueza cultural y un sinfín de signos de la presencia de Dios entre los pobres. Sus últimas palabras resonaron con emoción y con una misión renovada: «Al celebrar este 10º aniversario, nos volvemos a comprometer con esta misión… para que podamos ser mensajeros de esperanza para nuestro mundo».
Un nuevo capítulo: Presentación de la nueva Directora de la Oficina de la Familia Vicenciana
Al final de la celebración eucarística, el P. Tomaž Mavrič, C.M., Presidente del Consejo Ejecutivo de la Familia Vicenciana, anunció a la nueva Directora de la Oficina de la Familia Vicenciana:
Hna. Ellen Marie Hagar, H.C., Hija de la Caridad de la Provincia de Santa Luisa, San Luis, EE. UU.
Su nombramiento entra en vigor inmediatamente y marca el comienzo de una nueva etapa de servicio, colaboración y alcance global para la Familia Vicenciana.
Mirar al futuro con esperanza: Un mensaje para toda la Familia Vicenciana
Al ponerse el sol en este día de celebración, gratitud y transición, la Familia Vicenciana permanecía unida: firme en su historia, agradecida por el liderazgo del P. Joe Agostino y preparada para acoger la visión y la energía de la Hna. Ellen Marie Hagar.
Este aniversario fue más que una conmemoración; fue una llamada.
Un recordatorio de que nuestra dignidad procede solo de Dios.
Un reavivar del fuego que nos impulsa una y otra vez a preguntarnos: ¿Qué se debe de hacer?
Un momento para reafirmar que la misión vicenciana no es tarea de una sola persona, ni siquiera de una sola rama, sino de una familia global comprometida con construir un reino de justicia, amor y paz.
Que sigamos adelante —mayores y jóvenes, laicos y consagrados, líderes y voluntarios— como una sola Familia Vicenciana.
Que alimentemos la llama que arde desde los tiempos de san Vicente y santa Luisa, y permitamos que brille aún con más intensidad en los próximos años.
Y que el Espíritu Santo nos llene de valentía, creatividad y un corazón esperanzado mientras juntos damos a conocer a Cristo y le servimos en quienes más lo necesitan.
El futuro de nuestra misión está lleno de promesa. Caminemos hacia él con dignidad, unidad y una esperanza inquebrantable.













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