Novena en Honor a la Virgen Milagrosa 2025: La historia de la salvación a través del rostro de María (día 1)

por | Nov 18, 2025 | Asociación de la Medalla Milagrosa, Formación, Reflexiones | 0 Comentarios

En honor y agradecimiento a la Santísima y Bienaventurada Virgen María, en su advocación de la Medalla Milagrosa, presento este libro como humilde ofrenda nacida del amor y de la gratitud.

A Ella debo, con todo mi corazón, la gracia de mi vocación en la Congregación de la Misión. Hace quince años ofrecí la primera novena en su honor, sin imaginar que aquella semilla espiritual germinaría en una devoción que me ha acompañado ininterrumpidamente en el ministerio, en la enfermedad, en el estudio y en el servicio apostólico.

La Virgen fiel ha cumplido sus promesas: me ha sostenido en los momentos de prueba, me ha concedido sanación en cuerpo y alma, y ha intercedido con ternura ante su divino Hijo, nuestro Salvador Jesucristo.

Hoy, como signo visible de gratitud, presento esta obra —no como un simple libro, sino como exvoto de amor—, memoria de la misericordia de Dios y testimonio de que María sigue obrando maravillas en quienes confían en su intercesión.

“Proclama mi alma la grandeza del Señor,
y mi espíritu se alegra en Dios, mi Salvador” (Lc 1,46–47).

En cada página deseo honrar a Aquella que, siendo la humilde Sierva del Señor, nos enseña a creer, esperar y servir. Ella, que aplasta la cabeza de la serpiente (cf. Gn 3,15), sigue siendo la Mujer vestida de sol (cf. Ap 12,1), la Madre que nos mira con compasión y nos conduce al Corazón de su Hijo.

Así como Catalina Labouré contempló en silencio la gloria de su Madre celestial, también yo, su hijo en el sacerdocio vicentino, elevo esta obra como ofrenda de gratitud y testimonio de fe, para que cuantos la lean descubran que el amor de María no conoce fronteras y que su Medalla sigue siendo signo de esperanza y fuente de gracia.

“Haced lo que Él os diga” (Jn 2,5).

Amén.

P. Andrés Felipe Rojas Saavedra, CM,
Misionero Vicentino.
Bogotá, noviembre de 2025.

www.corazondepaul.org

Presentación:

Tenemos en nuestras manos esta nueva edición de la Novena a Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa. Cada año, el P. Andrés Felipe Rojas, CM. nos hace llegar este instrumento para nuestra oración, reflexión, formación y, sobre todo, nuestra veneración a la Madre Santísima. Agradezco profundamente este buen oficio del P. Felipe y deseo de todo corazón que podamos seguir acrecentando nuestra vida en Cristo y nuestro amor por María.

En este año 2025, tan especial para la Iglesia por su Jubileo de la Esperanza y, tan especial para la Congregación de la Misión por sus 400 años de Fundación (1625-2025), esta Novena desea ser signo de agradecimiento por tantas gracias y bendiciones recibidas a lo largo de nuestra historia como Iglesia y a lo largo de nuestra vida como Vicentinos. Ser portadores de esperanza en un mundo tan convulsionado como el nuestro, es un desafío y, a la vez, una oportunidad: un desafío, porque nos abruman signos de desesperanza por todos lados y porque muchos corazones han perdido la esperanza en un mundo mejor y la confianza en que éste se pueda alcanzar; una oportunidad, porque podemos hoy comprometernos en sembrar la esperanza a través de la fe, de la oración, del testimonio de vida, de la fidelidad, del amor y de la paz. Siempre es posible sembrar, aunque el campo no esté completamente preparado para ello; sólo el Señor hará producir los frutos a su tiempo y en su momento. Pero hay que sembrar.

En el camino de nuestra fe y de nuestra vida cristiana nos acompaña la presencia maternal de la Santísima Virgen María. Ella sigue guiando los pasos de la humanidad hacia su Hijo y ella sigue intercediendo por cada uno de nosotros para que no nos perdamos en un mundo sin Dios y en un mundo sin esperanza. Nuevamente acudimos a su intercesión en este año jubilar para que, como ella, escuchemos la voz del Señor, la acojamos en nuestro corazón y vivamos conforme a su voluntad. María sigue siendo, para la Iglesia y para el mundo, la portadora de las gracias divinas y la protectora de la humanidad. Su intercesión nos asegura un gran amor maternal, una esperanza viva, una fe gozosa, un don sin límite, un llamado a la eternidad.

Que la vivencia diaria de estos días de la novena a la Medalla Milagrosa nos ayude a acrecentar la fe, la esperanza y la caridad. A la vez, que nos dejemos transformar por el Señor y, siguiéndolo a Él, transformemos el corazón del Pueblo de Dios. Seamos dóciles a lo que el Espíritu Santo nos comunique y como María digamos: “Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu Palabra” (Cfr. Lc 1, 38). Solo con esta escucha, apertura y docilidad, podemos ser instrumentos de Dios que obra grandes maravillas en nosotros y a través de nosotros. Sigamos confiando y esperando en Él para que todo lo que hagamos en esta tierra produzca frutos abundantes de Salvación.

Gracias a todos por acrecentar en esta novena el espíritu y el amor con el que fue realizada y por transmitirla con la misma fe que quiere llegar a quienes la escuchen, la oren y la celebren.

P. Carlos Arley Cardona S., CM. – Visitador Provincial

Oración:

Padre misericordioso, que en tu inmenso amor nos has dado el signo admirable de la maternidad divina de María, por quien nos llegó Cristo, nuestro Salvador y Redentor. Te pedimos que, de la mano de Ella, caminemos por este mundo sembrando semillas de justicia y de paz, construyendo juntos espacios donde se haga visible tu Reino en medio de nuestros hermanos y hermanas que más sufren.

Padre amoroso, llenos de una esperanza renovada que María nos inspira, nos presentamos ante ti con el corazón sediento y necesitado de tu Palabra. Al meditarla cada día en esta novena, concédenos la gracia de abrirnos al don de la conversión, para que, siendo verdaderos discípulos y misioneros de Cristo, podamos anunciar con gozo la Medalla Milagrosa como un signo profético de tu amor y de tu misericordia para nuestro tiempo.

Padrenuestro.

Gloria.

Oración a la Virgen María:

Madre, Camino de Esperanza, tú que fuiste iluminada por la fe y creíste en la Palabra de Dios, acompáñanos en esta novena que dirigimos en tu honor, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa. Que, reunidos en torno a tu Hijo, podamos recuperar la frescura del Evangelio y anunciar con alegría la esperanza a un mundo herido por la división y las discordias.

Tus rayos nos infunden la certeza de que nuestra historia está en las manos misericordiosas de Dios, que nos ama y nos ilumina en las noches más oscuras y en los momentos más dolorosos de nuestra vida. Hoy, más que nunca, elevamos nuestro clamor al cielo, implorando un nuevo renacer del corazón y de la fe.

Ayúdanos, Madre, a sembrar en nosotros la Palabra del Señor, a custodiarla con amor y a proclamarla con valentía, para que Cristo, tu Hijo, sea conocido, amado y servido en nuestros hermanos y hermanas.

Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Ti. Dios te salve María…

Gozos:

Respuesta: puede ser el estribillo de una canción o la jaculatoria (Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que acudimos a ti).

Madre Milagrosa, de ternura y compasión
que haciendo historia de salvación
vas caminando siempre con tu pueblo
que a ti clama en la aflicción.

En mil ochocientos treinta,
en Francia, Calle del Bac,
auna pobre novicia,
la virgen santa se apareció.
Eran vísperas de San Vicente,
noche silenciosa de julio,
cuando la Madre dejó su trono
y en una pequeña capilla se presentó.

Siendo la media noche
un Ángel se apareció
para darle un anuncio
de parte de la Madre de Dios.
Las luces se iban prendiendo,
las puertas se iban abriendo
y al llegar a la capilla la hermana ansiosa la esperó.

La voz del cielo anunciaba
que la madre llegó.
La sede sacerdotal
con humildad ella ocupó.
La hermana Catalina
sus manos colocó
en las piernas de la Madre
y misión ella le encomendó.

En una mañana de noviembre
los sentidos no lo percibieron
pero un corazón atento
nuevamente a la Madre observó;
las insignias de la medalla
que Catalina vio, se han convertido
en fuente de milagro y amor.

“Haz acuñar una medalla”,
la Virgen le pidió
para ser portada por los fieles
con gran devoción.
Madre Santa, tu gran Medalla
es emblema de tu amor,
hoy nosotros la portamos
en señal de filiación.

Sea por Jesús, sea por María,
sea por el ejemplo de los santos que nos guían.
Y que por la Medalla Milagrosa
alcancemos la gracia de convertir
nuestros dolores en alegrías.

PRIMER DÍA

María, la Nueva Eva

Signo: Recrear un jardín, un árbol y la imagen de la Virgen Inmaculada.

Comentario inicial:

Al iniciar esta novena, roguemos a Dios nos conceda la gracia de reconocer en la obra de la creación todas las bondades que de él hemos recibido, en Jesús y María la creación adquiere un nuevo verdor de esperanza, que ilumina y acompaña los pasos de la humanidad redimida. Iniciemos con fe. La novena presentará durante estos días: Promesa (días 1–2) Encarnación y fe (días 3–5) Misión y entrega (días 6–7) Iglesia y esperanza (días 8–9).

Así la novena muestra toda la historia de la salvación a través del rostro de María.

Canto: Virgen Milagrosa, camino de esperanza

Lectura del Texto Bíblico: Genesis 3, 9-15.20

“Yahveh Dios llamó al hombre y le dijo: «¿Dónde estás?» Este contestó: «Te oí andar por el jardín y tuve miedo, porque estoy desnudo; por eso me escondí.» El replicó: «¿Quién te ha hecho ver que estabas desnudo? ¿Has comido acaso del árbol del que te prohibí comer?» Dijo el hombre: «La mujer que me diste por compañera me dio del árbol y comí.» Dijo, pues, Yahveh Dios a la mujer: «¿Por qué lo has hecho?» Y contestó la mujer: «La serpiente me sedujo, y comí.» Entonces Yahveh Dios dijo a la serpiente: «Por haber hecho esto, maldita seas entre todas las bestias y entre todos los animales del campo. Sobre tu vientre caminarás, y polvo comerás todos los días de tu vida. Enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje: él te pisará la cabeza mientras acechas tú su calcañar”. El hombre llamó a su mujer «Eva», por ser ella la madre de todos los vivientes”. Palabra de Dios.

Reflexión: 

Dios, al colocar al hombre en el jardín, no le impuso cadenas, sino que le ofreció un consejo de vida: “De todos los árboles podrás comer, menos del árbol del conocimiento del bien y del mal” (Gn 2,16-17). No se trataba de una prohibición arbitraria, sino de una invitación a confiar. Dios advertía al hombre que sólo quien escucha su voz puede vivir en armonía.

Pero el corazón humano quiso decidir por sí mismo. Escuchó otra voz, una palabra halagadora que prometía autonomía y sabiduría. Eva, al tomar el fruto prohibido, no solo desobedeció, sino que acogió un consejo ajeno al de Dios. El “fruto” que comió fue la ilusión de bastarse a sí misma, de definir por cuenta propia lo que es bueno o malo. Y desde entonces, el ser humano carga con la tristeza de haberse apartado del verdadero consejo divino.

Sin embargo, Dios no abandona su obra. En medio de la historia, Él suscita a una mujer nueva, una humanidad nueva, capaz de acoger su palabra sin resistencia. Cuando el ángel Gabriel saluda a María en Nazaret (Lc 1,26-38), el cielo le ofrece de nuevo el consejo que Eva rechazó: confiar, creer, obedecer. Y María, con sencillez y libertad, responde: “Hágase en mí según tu palabra.”

Donde la primera mujer extendió la mano hacia el fruto prohibido, María abre el corazón al fruto bendito del Espíritu. Su “sí” es el renacer de la creación, el amanecer de un nuevo Edén.

En ella se cumple lo que canta el libro de los Proverbios: “El fruto del justo es árbol de vida” (Prov 11,30). Ella es el árbol fecundo plantado junto a las corrientes de la gracia; su fruto es Cristo, la Sabiduría encarnada, el alimento de la salvación.

En María, la historia se endereza. El consejo rechazado en el paraíso se hace obediencia viva. La palabra que fue despreciada en la antigua alianza florece ahora en fe y esperanza.

Por eso la llamamos Nueva Eva: porque en ella la humanidad aprende de nuevo a escuchar a Dios, a recibirlo sin miedo, a dejarlo ser Señor.

Cada vez que miramos la Medalla Milagrosa y contemplamos a la Virgen con las manos abiertas, recordamos esta historia: de sus manos brotan rayos de luz, símbolo de los consejos divinos que se derraman sobre quienes confían. Cada rayo es una gracia, una orientación, una palabra silenciosa que guía nuestro camino.

María nos enseña que la verdadera sabiduría no consiste en conocerlo todo, sino en confiar plenamente. Su fe no fue razonamiento, sino abandono; no fue cálculo, sino amor. En su “sí” está contenida toda la esperanza del mundo.

Por eso, al iniciar esta novena, pedimos a la Virgen Milagrosa que nos devuelva el oído del alma, para reconocer la voz del Señor en medio del ruido del mundo. Que nos enseñe a elegir bien los frutos que tomamos, a escuchar los consejos del Espíritu y a confiar en que la voluntad de Dios siempre conduce a la vida.

Preguntas:

1. ¿A qué voces estoy escuchando hoy en mi vida? ¿Busco discernir la voz de Dios en medio de tantas palabras humanas, o me dejo seducir por los consejos que halagan, pero no edifican?

2. ¿Qué frutos estoy cultivando en mi corazón? ¿Son frutos de obediencia, paz y confianza como los de María, o frutos de autosuficiencia y desconfianza como los de la antigua humanidad?

3. ¿Estoy dispuesto a decir “hágase en mí según tu palabra”? ¿Creo que la voluntad de Dios, aunque a veces desconcertante, siempre conduce a la vida, como lo creyó María?

Oración final:

Virgen Inmaculada de la Medalla Milagrosa, que te manifestaste a Santa Catalina Labouré como mediadora de todas las gracias, atiende a mi plegaria.

En tus manos maternales dejo todos mis intereses espirituales y temporales, y te confío en particular la gracia que me atrevo a implorar de tu bondad, para que la encomiendes a tu divino Hijo y le ruegues concedérmela, si es conforme a su voluntad y ha de ser para bien de mi alma.

Eleva tus manos al Señor y vuélvelas luego hacia mí, Virgen poderosa; envuélveme en los rayos de tu gracia, para que a la luz y al calor de esos rayos me vaya desapegando de las cosas terrenas y pueda marchar con gozo en tu seguimiento, hasta el día en que bondadosa me acojas a las puertas del cielo. Amén.

Descarga la Novena completa pulsando sobre la siguiente imagen:

Fuente: https://www.corazondepaul.org/

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