La coordinadora de Nightstop, Lily Froidevaux, está dispuesta a “luchar con todas sus fuerzas” para que los jóvenes reciban el apoyo que merecen.
Lily no empezó trabajando en el ámbito social. Venía del mundo de la alta cocina: había gestionado restaurantes de primera en París y vendido vinos de lujo a clientes de élite. Pero detrás de esa carrera impecable en hostelería había una vocación más profunda que no podía ignorar.
Lily fue una adolescente complicada: amargada, perdida, siempre poniendo a prueba los límites. “Pero mis padres nunca se rindieron conmigo”, cuenta. Ese apoyo constante se convirtió en su base. Ya de adulta, tuvo sus propias dificultades con la salud mental y comprobó lo difícil que era acceder a una ayuda real y a tiempo. Aquella experiencia no la quebró: le dio un propósito.
Impulsada por la necesidad de comprenderse a sí misma y a los demás, dejó la hostelería y se formó en psicología: “Sé lo que es sentirse perdido. Apoyar a los demás también me ayuda a sanar. Es mi manera de devolver lo que recibí”.
Hoy, Lily es coordinadora de Nightstop en Depaul UK, en el nordeste de Inglaterra, donde trabaja para conseguir alojamiento de emergencia para jóvenes que afrontan la falta de vivienda. “Lucho con todas mis fuerzas para que estos jóvenes tengan el apoyo que merecen”, afirma. Y lo hace cada día.
Intervenir para ayudar a los jóvenes cuando nadie más lo hace
Nightstop ofrece alojamiento de emergencia acogiendo a jóvenes en casas de voluntarios formados para ello. Pero este salvavidas depende de decisiones rápidas, una abogacía incansable y alguien dispuesto a intervenir cuando nadie más lo hace. Esa persona es Lily.
Los jóvenes llegan a ella en momentos de caos: huyen de la violencia, están abandonados, traumatizados. Y ella los recibe con urgencia, empatía y determinación. “Cada llamada, cada alojamiento, cada esfuerzo contra un sistema roto… todo importa”.
Sus días son un torbellino de derivaciones, llamadas de crisis, evaluaciones de riesgo y coordinación sin pausa. Lo que la distingue no es la carga de trabajo, sino su negativa a dejar que las cosas se queden a medias.
“Si Lily decide que algo tiene que hacerse, se hace —dice una compañera—. No se rinde”.
Una de esas llamadas fue por Jo, una joven LGBTQ+ expulsada de su casa tras un violento enfrentamiento con su madre. Jo no tenía adónde ir. Lily la emparejó con una pareja del mismo sexo, unos anfitriones que le ofrecieron no solo un techo, sino también afirmación. “Por fin me sentí segura. Podía ser yo misma”, contó Jo.
Pero Lily no se detuvo ahí. Consiguió para ella una vivienda a largo plazo, la puso en contacto con oportunidades educativas y se aseguró de que recibiera apoyo en cada paso del camino. Ahora Jo está reconstruyendo su vida, no solo sobreviviendo.
Para Lily, esto no es caridad, es equidad.
“Nadie merece estar en la calle. Ni una persona refugiada, ni un joven, ni nadie”.
Lily ha gestionado crisis de protección, afrontado emergencias de salud mental y luchado con uñas y dientes para evitar que alguien se convierta en una estadística. “Nightstop no es solo un trabajo para mí —dice—. Estos jóvenes me recuerdan quién fui y quién podría haber llegado a ser si no hubiera tenido a alguien de mi lado. Así que yo elijo ser esa persona para ellos”.
Fuente: https://www.depaul.org.uk/













0 comentarios