“El que no quiera trabajar que no coma”
Mal 3, 19-20; Sal 97; 2 Tes 3, 7-12; Lc 21, 5-19.
Mientras asistimos a la celebración de la Misa este domingo, ya sea en el templo parroquial o en nuestra capilla local, podemos dar gracias a Abba Dios por la construcción material que nos acoge y donde buscamos celebrar con dignidad nuestra liturgia, pero es fundamental que nos detengamos con especial atención para agradecer por las piedras vivas que constituyen el Cuerpo Místico de Cristo, nuestra cabeza, que hace de nosotros Iglesia viva.
Aprovechemos este día de encuentro con Jesús y pidámosle dejarnos encontrar también con las personas que asisten y forman parte de nuestras comunidades, y que nos demos la oportunidad de decir a alguien con quien menos convivimos: “gracias por tu testimonio de evangelización”, “admiro este o aquel don que pones al servicio de los más pobres o de la unidad de nuestra asamblea”, o “permítame tenerle en mis oraciones por las dificultades que tiene que superar para hacerse un tiempo y dedicarlo a los trabajos de su apostolado”.
Ofrezcamos al Espíritu Santo los momentos en que queremos caminar más rápido en nuestra salvación, pero dejando atrás a los demás, y reconozcamos que sólo unidos a Dios y a los hermanos podemos ser Iglesia viva y que comparte la vida de su Señor.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Erick Fernando Martínez B. C.M.













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