El cuerpo de Jesús es el templo que no construyeron las manos humanas. Es causa y signo de la unión de todos los hijos e hijas de Dios.
Se nos dice que el templo del que habla Jesús es su cuerpo. Y esto da a entender que pone fin Jesús a la división e introduce la unión.
Es que dirá él luego que no habrá que adorar al Padre ni en Sión ni en Garizín. Pues se acerca la hora, ya está aquí, de dar culto al Padre en Espíritu y verdad. Es decir, tal culto prescindirá del templo de los judíos, y del de los samaritanos, y será para todos. Se eliminará, sí, la división y la sustituirá la unión.
De ahí que hayamos de ser fermento de unión en el mundo los que formamos parte del cuerpo de Cristo. Los que somos, con Cristo y en el Espíritu, edificio, mejor dicho, templo de Dios, su presencia en el mundo.
Con razón, se nos recuerda que la Iglesia «es el signo visible de la unión entre Dios y los hombres». Y que «la regla suprema en la Iglesia es el amor». En otras palabras, la caridad está por ecima de todas las reglas (SV.ES IX:1175).
Por lo tanto, no mandamos, sino servimos. Ni imponemos nuestras ideas, sino nos escuchamos los unos a los otros. No excluimos tampoco a nadie; más bien, dejamos que participen todos. Y admitimos que no somos dueños de la verdad plena. Juntos la buscamos, pues, con humildad.
También, solidarios, empáticos, discretos, no juzgadores, y acogedores de todos nos hemos de acercar a los demás, empezando con los más pobres. Pues, de verdad, no nos basta con amar a Dios si no lo ama nuestro prójimo (SV.ES XI:553).
Señor Jesús, concédenos a los que somos la Iglesia ser tu cuerpo de verdad y templo de Dios. Seremos así un signo eficaz de la unión entre Dios y los hombres. Así también, servirás de nosotros para que todos tengan vida y den fruto. Y haz que nuestro amor sea tan infinitamente inventivo que nos hagamos una comunidad enviada en especial a los pobres. Una comunidad viva, pues tú la nutres con tu palabra y con tu cuerpo y sangre.
9 Noviembre 2025
Dedicación de la Basílica de Letrán
Eze 47, 1-2. 8-9. 12; 1 Cor 3, 9c-11. 16-17; Jn 2, 13-22













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