“Ninguno de nosotros vive para sí mismo”
Rom 14, 7-12; Sal 26; Lc 15, 1-10.
El día de hoy agradezcamos a Jesucristo, el Señor, que se encarnó, nació, vivió, enseñó, murió, resucitó, ascendió a los cielos y que nos envió al Espíritu Santo para permitirnos participar de la vida plena de Abba Dios.
Aprovechemos este día para pedir la gracia de mirarnos desde la mirada de Dios y con la mirada de Dios, a quien no importa si somos tan solo una oveja descarriada o incluso desfigurada, o la moneda de más insignificante valor, sino que lo que le importa es que somos suyos, y que Él ha puesto su Espíritu Santo en nosotros y no quiere que nada se pierda, por tanto, ya sea que estemos vivos o que hayamos muerto, somos del Señor, que murió y resucitó para ser Señor de vivos y muertos.
Ofrezcamos al Espíritu Santo toda ocasión de juzgar mal a nuestros hermanos o de despreciarlos, recordando que, en algún momento, todos vamos a comparecer ante el tribunal de Dios, y busquemos alegrarnos por aquellos que comienzan su proceso de conversión, y ayudémosles y animémoslos a perseverar hasta el final.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Erick Fernando Martínez B. C.M.













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