Por qué estamos orgullosos de apoyar a las personas refugiadas recientemente asentadas y por qué el cambio de rumbo del Gobierno respecto al plazo de desalojo del Home Office [departamento ministerial de Reino Unido, que cuenta con el apoyo de 29 agencias y organismos públicos] es un paso atrás: Conversación con las asesoras de vivienda en Londres, Molly y Alex.
“Lo que más me gusta de trabajar en Asesoría de Vivienda es que no rechazamos a nadie”, dice la responsable del servicio, Molly. “A diferencia de otros servicios, no necesitas cumplir ningún criterio para pedir ayuda. Podemos ayudar a cualquiera siempre que tenga entre 16 y 25 años. Ese enfoque también significa que solemos acoger a quienes todo el mundo ha rechazado”.
Los comentarios de Molly reflejan la convicción de Depaul sobre el valor intrínseco de toda persona y nuestro compromiso con la dignidad, la compasión y el cuidado, especialmente de quienes pertenecen a comunidades marginadas; una creencia profundamente enraizada en las enseñanzas de san Vicente de Paúl. Es una de las razones por las que estamos orgullosos de apoyar a las personas refugiadas en todos nuestros servicios.
En el servicio de Asesoría de Vivienda que Molly gestiona en todo el Gran Londres, el personal ha visto un número creciente de personas a las que se les ha concedido recientemente el estatus de refugiado, a medida que el Gobierno acelera la tramitación y acorta el plazo de preaviso de desalojo para solicitantes de asilo.
“Una alta proporción de los jóvenes a los que atendemos ha tenido que abandonar rápidamente el alojamiento del Home Office”, explica, “sin tiempo ni apoyo suficientes para organizar sus siguientes pasos. A veces no dominan bien el idioma o no tienen suficiente información sobre dónde obtener apoyo, y es mucho menos probable que cuenten con una red en la que apoyarse. Cuando llegan a nosotros, pueden haber pasado ya varias semanas. Semanas en las que probablemente han dormido a la intemperie”.
Alex, asesora de vivienda que trabaja con Molly, coincide: “En los últimos dos años, el plazo de aviso de desalojo ha pasado de 28 días a siete días, volvió a 28 días, luego temporalmente a 56 días (el número de días que tienen los ayuntamientos en virtud de la Homelessness Reduction Act para prevenir la falta de hogar) y ahora ha vuelto de nuevo a 28 días, lo cual no basta para evitar que alguien termine durmiendo en la calle”.
Por qué las personas refugiadas acaban en la calle
Alex explica: “El mercado de alquiler privado es inasequible, el parque de vivienda social es inexistente para la mayoría, las autoridades locales no dan abasto por los recortes de financiación y los alojamientos con apoyo en los que confiábamos están cerrando a un ritmo alarmante, lo que ejerce aún más presión sobre los que siguen abiertos. Las antiguas vías para alojar a las personas están, sencillamente, bloqueadas. Es imposible que alguien que no tenía nada para empezar consiga arreglárselas en 28 días”.
“Lo que funcionó de maravilla”, dice Molly, “fue desde el verano de 2024, cuando contábamos con 56 días. Antes de eso, la gente venía cuando la desahuciaban al día siguiente, y teníamos que decirles que probablemente tendrían que dormir a la intemperie durante un tiempo. Con los 56 días, la gente llegaba con tres o cuatro semanas de margen. Y era como ‘oh, Dios mío, esto es genial. Gracias. Habéis llegado muy pronto’. Me devolvió la esperanza”. Alex estuvo de acuerdo: “Por fin podíamos hacer prevención de la falta de hogar en lugar de apagar fuegos”.
Todo el mundo necesita un hogar seguro
En Depaul UK creemos firmemente que toda persona debe tener un lugar seguro donde vivir y la oportunidad de contribuir positivamente a su comunidad. Los jóvenes a los que atendemos en ocasiones han huido de guerras, pasando largos periodos sin hogar, trabajo o familia que les apoye. A menudo han caminado de país en país y han experimentado traumas y sufrimientos incalculables. La mayoría solo quiere encontrar seguridad y la oportunidad de mantenerse a sí mismos y a sus familias en una comunidad que les acoja. Nuestra visión es la de una sociedad en la que todo el mundo tenga un hogar y un lugar en su comunidad.
“El mayor problema son las cuestiones prácticas”, dice Molly. Una persona con estatus recientemente reconocido no puede salir del alojamiento del Home Office y conseguir un trabajo sin más, porque no tiene dirección, ni el idioma, ni el conocimiento para crear las redes y conexiones necesarias. Eso lleva tiempo.
“Y luego hay que luchar”, continúa. “Sin ingresos, no puedes pagar un alquiler privado, así que tienes que esperar a un alojamiento con apoyo, lo que puede llevar meses. Todo ese tiempo probablemente estás durmiendo en la calle. El daño que eso puede causar a la salud física y mental de alguien puede ser irreparable”.
Alex señala que este enfoque tampoco tiene sentido económico: “El coste de abordar la falta de hogar después de que una persona ya se haya quedado sin hogar siempre es mayor que prevenirla. En servicios de apoyo, en alojamiento de emergencia, en hospitales y en salud mental. Apagar fuegos sale muy caro”.
La prevención es clave
Prevenir la falta de hogar antes de que empiece es clave en nuestra estrategia. Es fundamental para reducir los costes económicos que supone para la sociedad abordar la falta de hogar y, más importante aún, es esencial para proteger el bienestar físico y emocional de quienes se ven afectados. Ayudar a alguien a evitar dormir a la intemperie y la falta de hogar es mucho más que darle una cama por una noche. Es darle la oportunidad de mantenerse fuerte, construir resiliencia, vivir con dignidad, alcanzar su potencial y contribuir positivamente a su comunidad: una oportunidad que creemos que todo el mundo merece y que san Vicente de Paúl habría aprobado sin reservas.
Fuente: https://www.depaul.org.uk/













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