“No sólo nos llamamos hijos de Dios, lo somos”
Ap 7, 2-4. 9-14; Sal 23; 1 Jn 3, 1-3; Mt 5, 1-12.
Comenzamos noviembre con la solemnidad de todos los santos, invitación para agradecer que no solo nos llamamos hijos de Dios, lo somos; y que algunos de nuestros hermanos, de todos los tiempos, pobres y ricos, sanos y enfermos, mujeres y hombres, niños y adultos, solteros, casados y consagrados, ya se han dejado transformar al modelo de Jesucristo, el Señor.
Aprovechemos este día para pedir al santo o santa, del cual llevamos el nombre, que nos ayude a hacernos hermanos y amigos de Cristo como lo fue él o ella, y que podamos aprender con este santo a dejarnos amar por Abba Dios para amar a otros como Él nos ama, y que dejemos actuar la gracia del Espíritu Santo en nosotros, para que podamos perdonar y acompañar a otros y les ayudemos a saber que Dios también los quiere perdonar y acompañar, para que a su vez, ayuden a otros a reconocerse perdonados y acompañados y quieran vivir como hijos de Dios.
Si alguno de nosotros no lleva el nombre de algún santo, ofrezcamos al buen Dios y a nuestra querida Señora y Madre, la Virgen María, vivir conforme al Evangelio del Reino para que quien nos vea y reciba a nosotros, lo pueda ver y recibir a Él.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Erick Fernando Martínez B. C.M.













0 comentarios