Pasar de la muerte oscura a la vida luminosa
Jesús nos da de comer su cuerpo y de beber su sangre. Nutrirnos de él es pasar de la muerte a la vida, de las tinieblas a la luz.
Tarde o temprano, nos llegará el pasar de la tierra de los vivos al lugar de los muertos. Nos tocará seguir sin retorno, sí, por nuestra senda.
Mas morir no pasa no más cuando se exhala el último aliento. De hecho, empezamos a morir al nacer, del mismo modo que una vela empieza a durar menos al encenderse. No, no podemos sino pasar de la vida a la muerte mientras se va apagando segundo a segundo nuestra vida.
Pero llegamos poco a poco o rápido al fin de la vida terrena, igual no queremos morir, pasar de esta vida. «Con instinto certero», nos resistimos «a aceptar la perspectiva de ruina total y del adiós definitivo» (GS 18).
Y los bautizados creemos que Cristo resucitado nos libera de la muerte por su muerte. Su resurrección es la garantía de que, para los que creen en él, «la vida no termina, se trasforma; y, al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el cielo» (Prefacio). Él nos enseña además por dónde hemos de ir para tener la vida plena. Para pasar de la muerte a la vida.
Deja claro él que hay que ir por el camino de servicio y amor hasta el fin. Y por ese camino va Vicente de Paúl.
Tanto se da Vicente al servicio de los pobres que no se parece preparar para morir. De hecho, hace ya dieciocho años que se dispone cada noche a morir (Abelly 197).
Pero se prepara, aún más, por consagrar su vida a los pobres, al predicarles de palabra y de obra la Buena Noticia. Pues, sí, vivir y morir, siguiendo a Jesús en servir a los pobres, es tener por cierta la felicidad eterna (SV.ES III:359).
Señor Jesús, aseméjanos a ti a los que comemos tu cuerpo y bebemos tu sangre. Así, amaremos al igual que tú y viviremos en la luz, no en las tinieblas. Y lograremos pasar de la muerte a la vida. Haz que, al conmemorar a los fieles difuntos, nos acordemos de que Dios es el Dios de ellos. No es el Dios de los muertos, sino el de los vivos que están en las manos de él. Y cuando te sientes en tu trono y nos reúnas delante de ti, que haya pobres que te digan: «Estos son los que nos asistieron por tu amor»; «Estas son las que nos enseñaron tus bondades por medio de las suyas» (SV.ES IX:241).
2 Noviembre 2025
Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos
Sab 3, 1-9; Rom 6, 3-9; Jn 6, 37-40















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