Mantener encendido el fuego para ser peregrinos de esperanza: Reflexión nº 2

por | Oct 30, 2025 | Confraternidades, Famvin 2024, Reflexiones | 0 Comentarios

Algunas consideraciones previas:

Este mes continuamos nuestra serie de reflexiones sobre el Documento Final de la II Convocatoria Internacional que tuvo lugar en Roma en el mes de noviembre de 2024. En esta ocasión, centramos nuestra atención en la primera y segunda sección del texto: “Ojos que ven el pasado y alaban la Providencia de Dios” y “Ojos que contemplan nuestra colaboración: un vínculo tejido por hilos invisibles”. Les invitamos a leer estas secciones y reunirse como grupo, para que el diálogo y la oración compartida sean más enriquecedores. Como en meses anteriores, cada confraternidad puede designar un secretario o secretaria que tome nota de las ideas principales y las comparta en la sección “Comments/Comentarios” de la reflexión publicada en famvin.org (en inglés y español). Así, seguimos construyendo juntos un espacio de encuentro y aprendizaje común en el espíritu de la Familia Vicenciana.

Haz clic en la siguiente imagen para descargar el documento completo en español:

Texto para la reflexión:

1. Ojos que ven el pasado y alaban la Providencia de Dios

Desde 1995 la expresión «Familia Vicentina»[1] se ha utilizado ampliamente para identificar a todos los grupos e individuos laicos y religiosos inspirados en el Carisma de San Vicente de Paúl. A lo largo de los últimos cuatro siglos ha crecido el amplio panorama de organizaciones y comunidades suscitadas por su vida y misión. Esta es una historia apasionante y compleja que no podemos ignorar. El Carisma Vicentino ha inspirado a hombres y mujeres, laicos, religiosos y sacerdotes, que han formado diferentes grupos para avanzar en la agenda de la intuición original que el Espíritu sembró en el corazón del Fundador.

Por lo tanto, en este amplio sentido, hoy, la Familia Vicentina incluye institutos de vida consagrada, sociedades de vida apostólica, religiosos y laicos, femeninos y masculinos, cofradías, fundaciones, grupos, movimientos, así como individuos inspirados por Vicente de Paúl y Luisa de Marillac. Incluye también una amplia riqueza de santos, fundadoras y fundadores, que nos ofrecen un vasto abanico de posibilidades para vivir nuestra vocación común: la santidad vicentina.

En 2015, se decidió dar una forma institucional a este creciente tejido vicentino, y se estableció la Oficina Internacional de la Familia Vicentina[2], para promover estructuras de comunión, crear capacidad, compartir nuestra espiritualidad para la colaboración en la misión, de modo que podamos hablar con una voz más unificada en medio del mundo y de la Iglesia.

Desde el principio, el Carisma Vicentino ha estado activamente presente y ha tratado de responder con creatividad e innovación a todas las condiciones de pobreza en diferentes culturas y geografías, confrontadas con tantas y diversas formas de exclusión: violencia, inequidad, injusticia sistémica, violación de los derechos humanos y medioambientales, crisis política y ecológica, etc.[3]

Estamos inmersos en una crisis planetaria, institucional y humanitaria, que afecta nuestros valores, nuestro estilo de vida y nuestras decisiones personales y colectivas. Esta constelación de incertidumbres es el campo de nuestra misión. Es en esta “encrucijada de la gracia” donde el Espíritu de Dios, el que renueva continuamente la faz de la tierra (Sal 104,30), nos invita a tener los ojos y los oídos abiertos para poder responder a los signos de los tiempos de hoy, como lo hicieron Vicente y Luisa en 1617 y los años siguientes.

2. Ojos que contemplan nuestra colaboración: un vínculo tejido por hilos invisibles.

La Familia Vicentina Internacional, sin perjuicio del carácter, la autonomía y las competencias de cómo cada rama o individuo trata de vivir el Carisma, ha trabajado intensamente en los últimos 26 años con miras a:

  • Promover la formación permanente en historia, teología, espiritualidad y prácticas vicentinas para que podamos encarnar estos principios en nuestra vida diaria, nuestras relaciones y nuestros El objetivo de la formación es que nuestro Carisma modele un día nuestra forma de vivir, pensar, orar, actuar y percibir la realidad.
  • Promover la colaboración en diversas iniciativas para ampliar el alcance de nuestro Carisma común: celebraciones de nuestra tradición, proyectos compartidos, misión ad gentes e inter gentes, pastoral vocacional en la que nuestra primera llamada sea al Carisma (cultura vocacional), formación inicial y permanente, apoyo para crear capacidades, desarrollo del entido de pertenencia y la sostenibilidad institucional.
  • Promover, y acompañar organismos comunes (consejos nacionales, estructuras regionales y continentales, con sus estatutos, aprobados por la Oficina Internacional, en nombre del Consejo Ejecutivo).
  • Reavivar el espíritu de comunión y de misión compartida, la equidad eclesial (laicos, consagrados y clero, siempre caminando codo a codo), nuevas formas relacionales, la “mística del nosotros”, la realización, siendo signo y testimonio, de la Iglesia sinodal, tan apasionada y proféticamente promovida por el Papa Francisco.
  • Mantener vivo un tejido caritativo, centrado en la protección y la defensa de la vida, el reconocimiento y la defensa de los derechos humanos y ambientales, y la promoción del cambio sistémico.
  • Crear una organización eclesial cimentada en el evangelio de la justicia, con un enfoque multifacético de planificación y acción, que comprenda y confronte la interseccionalidad de las estructuras generadoras de pobreza en todos los niveles.

Notas:

[1] El Padre Robert Maloney, CM, invitó, en 1995, a los responsables de las cuatro ramas históricas de la Familia Vicentina (Asociación Internacional de Caridades, 1617; Congregación de la Misión, 1625; Hijas de la Caridad, 1633; y Sociedad de San Vicente de Paúl, 1833), a reunirse cada año. Luego les invitó a asistir a la Asamblea General de la Congregación de la Misión en Roma para seguir discutiendo esta iniciativa en el verano de 1998.

[2] El Padre Gregory Gay, CM, con el apoyo del Consejo Ejecutivo de la Familia Vicentina, creó esta oficina el día de Pentecostés, 24 de mayo de 2015, y nombró al Padre Joseph Agostino, CM, primer Director.

[3] Un signo de este compromiso fue el establecimiento de la Iniciativa para Haití de la Familia Vicentina en 2009.

REFLEXIÓN… REFLEXIÓN… REFLEXIÓN… REFLEXIÓN… REFLEXIÓN

Este mes reflexionamos sobre la primera y segunda sección del Documento Final:

  1. Ojos que ven el pasado y alaban la Providencia de Dios,
  2. Ojos que contemplan nuestra colaboración: un vínculo tejido por hilos invisibles.

Aquí se nos recuerda que la expresión «Familia Vicenciana» entró en nuestro vocabulario en 1995, cuando Robert Maloney, CM, invitó a los responsables de las cuatro ramas históricas de la Familia Vicenciana a reunirse cada año, a saber, la Asociación Internacional de Caridades, la Congregación de la Misión, las Hijas de la Caridad y la Sociedad de San Vicente de Paúl. Esta invitación marcó un nuevo comienzo.

Cuando me uní por primera vez a la Congregación de la Misión en mi país de origen, los miembros solían ofrecer oraciones por las vocaciones de la Doble Familia. Se referían a la Compañía de las Hijas de la Caridad y a la Congregación de la Misión. Sin embargo, esas oraciones parecían ignorar el hecho de que Vicente de Paúl fundó las Cofradías de la Caridad (ahora conocidas como la Asociación Internacional de Caridades) antes que las Hijas de la Caridad o la Congregación de la Misión. Además, esas oraciones ignoraban por completo a todos los diversos grupos laicos y religiosos y a las personas que se han inspirado en el carisma de San Vicente de Paúl. Ahora, en 2025, tenemos una familia compuesta por 180 ramas que prestan servicio en 167 países… una realidad verdaderamente increíble.

Así que detengámonos aquí un momento. Cuando se reúnan este mes, comiencen a enumerar el número de ramas que conocen sus miembros. Cuando hagan su lista, la Congregación de la Misión, las Hijas de la Caridad, la Asociación de la Medalla Milagrosa, la Asociación Internacional de Caridades, la Juventud Mariana Vicenciana, la Sociedad de San Vicente de Paúl y los Misioneros Vicencianos Laicos [MISEVI] se darán por sentadas… ¿cuántas otras ramas pueden enumerar?

Sin duda, nuestra formación continua debería incluir el conocimiento de las distintas ramas que forman parte de nuestra familia mundial, especialmente aquellas presentes en nuestro país. Desde Famvin se presenta cada semana una de las ramas que integran la Familia Vicenciana. Puedes conocer las que se han publicado hasta ahora haciendo clic aquí.

En unas semanas (el 22 de noviembre de 2025), la Junta Ejecutiva de la Familia Vicenciana se reunirá en Filadelfia para celebrar el décimo aniversario de la creación de esta oficina. Al mismo tiempo, es muy probable que se nombre a un nuevo director ejecutivo de la Oficina de la Familia VIcenciana. Esa persona tendrá la tarea de guiar a la Familia hacia el futuro… y este documento que ahora tomamos en consideración para nuestra reflexión servirá de guía.

Sí, hay mucho que celebrar:

  • Se han llevado a cabo múltiples iniciativas de colaboración en muchos países de todo el mundo;
  • Existe una creciente conciencia de la necesidad de una formación continua (en muchos lugares, la gente exige esta formación);
  • Hemos fortalecido las relaciones entre las ramas y hemos llegado a conocernos, comprendernos y servirnos unos a otros de manera colaborativa;
  • El cambio sistémico y la colaboración se han convertido en enfoques ministeriales que nos definen;
  • Caminamos juntos y nos acompañamos mutuamente en nuestro viaje común.

Todo ello supone avances significativos en nuestro enfoque del ministerio y representa una «novedad» que se ha derramado sobre nosotros como ramas y como individuos. Por lo tanto, sí, hay muchos motivos para hacer una pausa, regocijarnos, celebrar y dar gracias.

Así, sin demora, debemos continuar nuestro camino. Al celebrar el pasado, somos inmediatamente conscientes de que el momento presente nos exige una respuesta.

Mientras nos regocijamos y damos gracias por las bendiciones y los logros del ayer, recordamos una vez más el dolor y el sufrimiento que nuestros señores y amos experimentan hoy.

Estas realidades exigen que, mientras nos detenemos para celebrar, también seamos conscientes de la necesidad de avanzar y apoyar a nuestros hermanos y hermanas en su lucha por afrontar las crisis siempre presentes del tiempo actual.

A la luz de todo esto, permítanme plantear las siguientes preguntas:

  1. ¿Por qué alzas hoy tu voz en agradecimiento?
  2. ¿Qué puedes hacer (individualmente y como grupo) para afrontar las crisis de los pobres de tu zona?

Oración:

Señor Jesús,
profundiza nuestro espíritu vicentino de amistad durante este encuentro,
haznos sensibles a la llamada cristiana
de buscar y encontrar a los olvidados, los que sufren o los desfavorecidos
para que podamos llevarles tu amor.
Ayúdanos a ser generosos con nuestro tiempo,
nuestras posesiones y nosotros mismos en esta misión de caridad.
Perfecciona en nosotros tu amor
y enséñanos a compartir más plenamente el sacrificio eucarístico ofrecido por todos.

Amén.

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