“Sal y retírate de aquí porque Herodes quiere matarte”
Rom 8, 31-35. 37-39; Sal 108; Lc 13, 31-35.
Ante el consejo que los fariseos dan a Jesús ante el peligro y la amenaza de Herodes porque quiere acabar con Él, la respuesta de Jesús es de una impresionante valentía y libertad: “Vayan y díganle a ese zorro: mira hoy y mañana expulso demonios y realizo sanaciones…”
Jesús va decidido, lleva prisa. Es su último viaje a Jerusalén. No tiene miedo, sino más bien prisa. No le importan los poderes políticos (Herodes que lo amenaza de muerte) ni sociales. (los fariseos que le invitan a irse de sus dominios). Sabe que la voluntad de Dios es, a fin de cuentas, lo único que cuenta en su vida. Y hemos visto que después de él muchos cristianos a lo largo de la historia han estado dispuestos a dar la vida por cumplir fielmente la voluntad de Dios.
En la persecución religiosa en España, (1936) un grupo de soldados llegó a un convento de carmelitas con la orden de subir a todas las monjas a un camión y llevarlas a fusilar. La sorpresa de los soldados fue grande cuando la superiora dijo a las hermanas: “Estos señores nos llevan al cielo porque nos van a hacer mártires, como los primeros cristianos”. Luego, las monjas se felicitaron alegremente porque recibirían el mayor don de Dios, la vida eterna.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Benjamín Romo Martín, C.M.













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