“Jesús pasó la noche en oración”
Ef 2, 19-22; Sal 18; Lc 6, 12-19.
La oración fue una compañera inseparable de Jesús. En todo el Evangelio le vemos orando, sobre todo en los momentos más decisivos de su vida: antes del Bautismo, al realizar varios milagros, en la Última Cena, en el Huerto de los Olivos, en la Cruz, etc.
En este evangelio se nos narra la elección de los doce apóstoles. Eran los hombres con los que iba a comenzar la Iglesia y debían ser aptos para llevarla a buen término con paso firme. Por tanto, era una decisión importante, que no podía hacerse con prisas y a la ligera. Y por ello dedica una noche entera a la oración.
Viendo el ejemplo de Jesús nos podemos hacer varias preguntas: ¿Cómo oramos nosotros? ¿Qué tiempo dedico a hablar con Dios Padre? Escuchar, meditar, callar ante el Señor que habla, es un arte para trabajar y una gracia para pedir.
A orar se aprende orando con constancia. Ciertamente, la oración es un don que exige, sin embargo, el ser acogido; es una obra de Dios, pero que exige compromiso y continuidad por nuestra parte, sobre todo la continuidad y la constancia son importantes. Hoy le decimos a Jesús, enséñanos a orar como Tú orabas.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Benjamín Romo Martín, C.M.













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