“Mujer, quedas libre de tu enfermedad”
Rom 8, 12-17; Sal 67; Lc 13, 10-17.
A partir del evangelio de hoy pidamos a Dios por las mujeres, por su felicidad y santidad. Bienaventuradas, dichosas… las mujeres que salen de su pasividad y dedican su vida a anunciar el Evangelio con sus palabras y su compromiso, porque están haciendo un mundo nuevo.
Bienaventuradas, dichosas y felices las mujeres que luchan por su dignidad y denuncian el maltrato y la discriminación, porque ellas están forjando un futuro mejor para las nuevas generaciones.
Bienaventuradas, dichosas, felices las mujeres que defienden la libertad, las que trabajan por la justicia, y las que arriesgan su vida por la igualdad, porque ellas están creando fraternidad.
Bienaventuradas, dichosas, felices las mujeres cariñosas y tiernas, alegres, creativas y fuertes; porque con su bondad, su esfuerzo y alegría van descubriendo y reflejando el rostro materno de Dios.
Bienaventuradas, dichosas, felices las mujeres llenas de fe, de una vida llena de Dios, servidoras de la familia y de la comunidad, porque ellas nos manifiestan la presencia de la Virgen María.
Dichosas ustedes, mujeres las que viven así. Alégrense porque sus nombres estarán escritos en el cielo.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Benjamín Romo Martín, C.M.













0 comentarios