“Dichosos los que, al llegar su Señor, estén en vela”
Rom 5, 12. 15. 17. 19. 21-22; Sal 39; Lc 12, 35-38.
El evangelista Lucas nos muestra a Jesús caminando con sus discípulos hacia Jerusalén, hacia su última Pascua de muerte y resurrección, y en este camino los educa, los forma y los prepara para asumir el momento final de su entrega por la humanidad.
Entre estas actitudes están el desapego de los bienes terrenos, la confianza en la providencia del Padre y, también, la vigilancia interior, la espera activa del Reino de Dios. Para Jesús es la espera de la vuelta a la casa del Padre. Para ellos y nosotros es la espera de Cristo mismo, que vendrá a llevarnos a la fiesta sin fin del cielo nuevo y la tierra nueva. Jesús pone el ejemplo del servidor que espera a su amo, y con ello nos presenta la importancia de estar siempre en actitud de servicio. Servir no es simplemente hacer algo por los demás; es una manera concreta de vivir nuestra fe y nuestro seguimiento. El servicio nos permite poner en práctica el llamado a amar al prójimo como Jesús lo ama. ¿Qué sentido podría tener nuestra vida si no el de ser un don para los demás? Jesús nos dejó muy clara su identidad: “El Hijo del hombre no vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida…” (Mc 10, 10).
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Benjamín Romo Martín, C.M.








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