“¿Y Dios no hará justicia a sus elegidos si claman a Él?“
Ex 17, 8-13; Sal 120; 2 Tim 3, 14-4, 2; Lc 18, 1-8.
¿Qué podemos aprender de esta parábola que Jesús nos ofrece al hablarnos de aquella pobre viuda que se presenta ante el juez para pedir justicia?
Lo primero es que ella no se rindió y reclamó su derecho. Su constancia es lo que la distingue y es la base de lo que Jesús quiso enseñarnos a través de esta parábola. La constancia en trabajar por progresar en nuestra vida espiritual.
¿Qué habría pasado si la viuda se hubiera rendido la primera vez que fue rechazada por el juez? o ¿qué habría pasado si, cuando él no la ayudó, ella hubiera dicho “ya lo intenté, mejor me voy”? ¿Es suficiente con intentarlo una vez?
La parábola dice que ella insistió y volvió suplicando por su caso. Estaba desesperada. Necesitaba que se le hiciera justicia frente a su adversario, sabía dónde tenía que ir para recibirla y no se detuvo hasta obtenerla.
Para nosotros es una llamada a ser constantes en nuestra oración. No siempre vamos a obtener resultados inmediatos cuando oramos. La parábola de la viuda demuestra que la oración requiere perseverancia y fidelidad por nuestra parte.
¿Cómo es tu oración?
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Benjamín Romo Martín, C.M.








0 Comentarios