“Ponte de pie y vete, tu fe te ha salvado“
2 Re 5, 14-17; Sal 97; 2 Tim 2,8-13; Lc 17, 11-19.
Diez fueron aquellos pobres leprosos que buscaban y gritaban a Jesús: Maestro, ten piedad de nosotros. Jesús los escucha y les responde: “Vayan a presentarse a los sacerdotes”. Al ir de camino los diez quedaron curados de su lepra, pero solo uno que, con fe y gratitud, se regresa y se acerca a Jesús, reconociéndolo como Salvador. Es él quien queda, no solo curado de su lepra, sino curado en su interior, perdonado, sanado para ser, a partir de ese momento, un hombre nuevo, libre y en posibilidades para seguir a Jesús, como lo hizo aquel ciego Bartimeo quien también fue curado y perdonado.
¡Cuánto se agradece cuando una persona se detiene en la carretera para ayudarnos cuando nuestro coche se ha descompuesto! Cuántas personas que sin conocernos han tenido la grande amabilidad y detenerse para decirnos: ¿En que le puedo ayudar? Cuando esto nos sucede el mayor sentimiento que brota del corazón es la gratitud. ¡Gracias!
Que importante es saber valorar los sencillos gestos de amabilidad o de servicios que se reciben diariamente. Agradecer a quien te ha cedido el paso en medio del tráfico, agradecer a quien sabe sonreír en el trabajo los lunes por la mañana. Ser agradecido, ¡qué gran virtud!
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Benjamín Romo Martín, C.M.








0 Comentarios