Familia Vicentina en Madagascar: Las raíces misioneras de un carisma vivo

por | Oct 9, 2025 | Noticias | 0 Comentarios

Mi experiencia visitando a la Familia Vicentina en África encontró su culminación en Madagascar, esa isla fascinante, cargada de contrastes y desafíos, pero también rebosante de vida, esperanza y signos del Espíritu.

Imposible olvidar que en Madagascar se inició la travesía misionera del carisma vicentino fuera de Francia y de Europa. Los primeros misioneros, enviados por el mismo San Vicente, fueron los padres Nacquart y Gondrée. Este último murió en mayo de 1649, y el primero, en mayo de 1650. Después de la muerte del padre Nacquart, San Vicente no pudo enviar más misioneros durante cuatro años. La segunda expedición tuvo lugar en marzo de 1654. Fueron tres misioneros: los padres Mousnier y Bourdaise, y el hermano René Foret. El carisma vicentino en Madagascar está cerca de celebrar 400 años de historia. ¡Qué gozo y qué compromiso tan grande!

Liderazgo y miembros de la Familia Vicentina de Madagascar

En la capital, Antananarivo, fui cálidamente acogido por los cohermanos y, posteriormente, por el liderazgo de la Familia Vicentina, con quienes sostuve una profunda reunión sobre el estado actual de nuestra familia carismática en el mundo, con un enfoque particular en el continente africano, y reflexionamos juntos sobre algunas de las conclusiones de la Segunda Convocatoria de Roma 2024.

Al día siguiente, tuve la oportunidad de compartir una sesión formativa y de reflexión con miembros de distintas ramas de la Familia Vicentina, especialmente jóvenes pertenecientes a las Juventudes Marianas Vicentinas. Con ellos meditamos sobre nuestra vocación común como miembros de la Familia Vicentina: una vocación que no es otra cosa que una llamada a la vida y a la misión desde la mirada y el corazón de San Vicente de Paúl, al servicio de Cristo en los pobres.

Miembros de las Juventudes Marianas Vicentinas en Madagascar

Durante esos días también visité algunas comunidades, destacando dos momentos especialmente significativos: el sábado, con las Hijas de la Caridad, y el domingo, con las Hermanas Nazarenas. En ambos encuentros, las comunidades se reunieron fraternalmente para reflexionar sobre los frutos de esta visita y compartir inquietudes comunes, tanto en el contexto de Madagascar como en relación con los desafíos compartidos por otros países del continente africano.

Hijas de la Caridad y Hermanas Nazarenas en Antananarivo

Un país en efervescencia: juventud, protestas y dignidad

Madagascar atraviesa hoy una situación social compleja. El país se ha visto sacudido por masivas protestas juveniles, en las que miles de jóvenes reclaman derechos fundamentales: acceso al agua potable, energía, educación y oportunidades de trabajo digno. En mis conversaciones con las distintas ramas de la Familia Vicentina, estos clamores estuvieron muy presentes. Reflexionamos juntos sobre el significado profundo de estas manifestaciones, no solo como reclamos sociales, sino como un auténtico «signo de los tiempos».

Los jóvenes están despertando a una nueva conciencia de su protagonismo histórico, cargados de sueños y anhelos de transformación. En este contexto, reconocemos el peligro de que ciertos actores políticos intenten manipular este movimiento para sus propios fines. Sin embargo, la Iglesia y la Familia Vicentina tienen la misión profética de acompañar, leer, discernir y orientar —en la medida de lo posible— estas búsquedas de libertad, justicia y vida nueva con dignidad para todos.

Peregrinación a Akamasoa: el jubileo de la esperanza

El domingo 5 de octubre decidí realizar una peregrinación espiritual a Akamasoa para celebrar allí, personalmente, el Jubileo de la Esperanza. Acompañado por el visitador de Madagascar y los cohermanos de la comunidad de Antananarivo, nos dirigimos a este lugar emblemático que, desde su fundación, es una luz en medio de tantas sombras. Allí nos recibió el querido cohermano Pedro Opeka, C.M., alma y corazón de esta obra de Dios. Con él tuvimos la oportunidad de celebrar los 50 años de su ordenación sacerdotal y los 400 años de la fundación de la Congregación de la Misión.

Padre Pedro Opeka: reflexión y acogida a diferentes delegaciones venidas desde distintas partes del mundo para visitar Akamasoa

La celebración eucarística fue un momento de profunda belleza. La cultura malgache y la liturgia se entrelazaron de una forma armoniosa y viva. Cánticos, danzas y gestos hicieron visible cómo la fe puede encarnarse profundamente en un pueblo. Niños, jóvenes y familias enteras participaron con entusiasmo, y al final compartimos un almuerzo fraterno con algunos líderes y jóvenes de la comunidad.

Akamasoa: un signo para la Iglesia y para el mundo

Akamasoa no es solo un proyecto social. Es un signo profético, una verdadera parábola del Reino. Aquí se hace visible que la transformación de la vida de los pobres no solo es posible, sino que es una esperanza viva para todos los pueblos que sufren exclusión, discriminación e invisibilización.

Desde sus inicios, esta comunidad ha sido visitada por líderes religiosos, jefes de Estado, académicos y organizaciones internacionales, todos con el deseo de comprender qué está ocurriendo en este rincón del mundo. Porque Akamasoa interpela, porque nos habla con fuerza de lo que es posible cuando la solidaridad, la fe y el trabajo se entrelazan con una visión clara del ser humano como protagonista de su historia.

Akamasoa es, a su modo, una nueva Galilea: el lugar donde los pobres no solo reciben ayuda, sino donde se convierten en agentes de transformación, en constructores de comunidad, en educadores, líderes, soñadores y hacedores de futuro. Lo laical, lo femenino y lo juvenil tienen aquí un rol central. No se trata de una pastoral «para» los pobres, sino «desde» los pobres y «con» los pobres.

Educación para el liderazgo: la Universidad San Vicente de Paúl

Un elemento fundamental en esta visión es la educación como agente de transformación de la vida de los pobres. Desde la escuela primaria hasta la Universidad San Vicente de Paúl de Akamasoa se forman los futuros liderazgos no solo de esta comunidad, sino de muchas otras en Madagascar. Allí, la educación es una herramienta de empoderamiento, de afirmación de la dignidad y de preparación para una ciudadanía activa, crítica y comprometida.

Formar líderes desde la experiencia concreta de superación de la pobreza no es solo un acto educativo, es un acto profundamente evangélico. Porque quienes han vivido la marginación con más intensidad tienen también la capacidad de soñar horizontes nuevos para su pueblo.

Universidad San Vicente de Paúl, Akamasoa

Madagascar: volver a las raíces, abrazar el futuro

La experiencia en Madagascar ha sido una vuelta a las raíces misioneras del carisma vicentino, pero también una mirada llena de esperanza hacia el futuro. Desde Antananarivo hasta Akamasoa, desde los rostros jóvenes de las JMV hasta las manos entregadas de los miembros de las distintas ramas de la Familia Vicentina, he sido testigo de un carisma vivo, actual y profundamente encarnado en la realidad concreta.

Celebración eucarística: palabras de gratitud por esta peregrinación

Madagascar nos invita a todos a escuchar con atención las voces de los pobres, a dejarnos interpelar por sus clamores, a discernir los signos de esperanza que brotan incluso en medio de las crisis y a seguir creyendo —como San Vicente— que el amor es infinitamente inventivo, y que la caridad, cuando es creativa, se convierte en el motor del cambio sistémico que transforma el mundo.

Memo Campuzano, CM

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