“Marta, Marta, te preocupas y te inquietas por muchas cosas”
Jon 3, 1-10; Sal 119; Lc 10, 38-42.
Jesús en este evangelio y con la escena de Marta y María nos muestra que en nuestra vida cristiana oración y acción están profundamente unidas. Una oración que no conduce a la acción concreta, hacia el hermano pobre, enfermo, necesitado de ayuda, el hermano en dificultad, es una oración estéril e incompleta. Pero del mismo modo, cuando en el servicio se está atento sólo al hacer y se da más importancia a las cosas, a las funciones, a las estructuras, y se olvida la centralidad de Cristo y no se reserva tiempo para el diálogo con Él en la oración, se corre el riesgo de servirse a sí mismos y no a Dios, presente en el hermano necesitado.
San Benito resumía el estilo de vida propuesto a sus monjes en dos palabras: “Ora et labora”, reza y trabaja. Es la vida espiritual una fuerte relación de amistad con el Señor donde nace la capacidad de vivir y llevar el amor de Dios, su misericordia y su ternura hacia los demás con acciones concretas.
Y nuestro trabajo en las obras de misericordia nos lleva al Señor, porque Jesús nos ha dejado claro que a él lo veremos presente en el hermano necesitado. La vida cristiana es oración y acción y ¡siempre unidas…!.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Benjamín Romo Martín, C.M.








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