Desde un punto de vista vicenciano: Corazones encendidos

Pat Griffin, CM
26 septiembre, 2025

Desde un punto de vista vicenciano: Corazones encendidos

por | Sep 26, 2025 | Formación, Patrick J. Griffin, Reflexiones | 0 Comentarios

Cada año, al celebrar la Semana del Fundador en la Universidad de St. John de Nueva York, tenemos una Ceremonia Académica en la que rendimos homenaje a hombres y mujeres que encarnan el carisma vicenciano, tanto a título personal como como miembros de organizaciones. Los presentamos como modelos para toda nuestra comunidad universitaria y, de manera especial, para nuestros estudiantes.

El tema de la Semana del Fundador de este año fue la imagen de los “corazones encendidos”. Esta idea surgió a partir de una exhortación de san Vicente, que escribió:

“Nuestra vocación consiste en …  abrazar los corazones de todos los hombres, hacer lo que hizo el Hijo de Dios, que vino a traer fuego a la tierra para inflamarla de su amor” [SVP ES XII-4, 553]

Obviamente, para encender el corazón de los demás, primero el propio debe arder.

Para mí, el versículo bíblico que más directamente expresa “corazones encendidos” se encuentra en Lucas 24,32. Recordaréis que algunos discípulos iban de camino a Emaús tras la muerte de Jesús. Mientras caminaban y conversaban, Jesús se les unió, aunque no lo reconocieron. El Señor Resucitado tuvo en ellos un efecto profundo, tal como reflexionan después de la experiencia: «¿Acaso no ardía nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?». Caminar con Jesús y escuchar las Escrituras con él enciende el corazón.

Las personas y programas que honramos en la Ceremonia Académica ofrecen “corazones encendidos” de modos muy diversos: desde educar a estudiantes hasta acompañar a una comunidad inmigrante; desde atender las necesidades de mujeres y niños hasta apoyar viviendas para los marginados; desde defender a los pobres del mundo en la ONU hasta promover la justicia en este país.

En la Ceremonia reconocemos cómo estas personas y grupos dan testimonio del espíritu del Evangelio y de la intención de san Vicente de Paúl. Con los “corazones encendidos”, cada uno sirvió a su manera a un mundo que necesita personas compasivas que actúen y no solo que hablen. Su ejemplo nos anima a todos a pasar a la acción. Sus historias nos invitan a alegrarnos por su entrega a la justicia y a considerar cómo también nosotros podemos formar parte de la solución.

Cuando me fijo en estas buenas personas, estoy convencido de que Vicente las reconocería como colaboradores suyos. Uno de los grandes dones de Vicente fue mantener siempre abiertos los ojos a las virtudes y capacidades de los demás. Esa mirada le permitió animarles a llevar a cabo muchos de los ministerios que él llevaba en el corazón, y ellos absorbieron su espíritu. Mujeres laicas se convirtieron en Damas de la Caridad; hombres consagrados fundaron la Congregación de la Misión; mujeres con votos asumieron con humildad el servicio como Hijas de la Caridad.

Como Jesús, como Vicente y como nuestros homenajeados, se nos anima a estar llenos de entusiasmo y a dejar que nuestros corazones nos muevan al servicio activo. Así como los discípulos en el camino de Emaús caminaron con Jesús y permitieron que él los inflamase, pedimos que nuestro caminar con Vicente abra un espacio para que el Señor esté con nosotros y oriente nuestra respuesta compasiva a las necesidades de nuestro mundo.

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