Compartir con los pobres nuestros bienes

por | Sep 25, 2025 | Formación, Reflexiones, Ross Reyes Dizon | 0 Comentarios

Jesús, nuestro sumo sacerdote, se compadece de nosotros.  Decirnos de él quiere decir compartir con los pobres nuestros bienes.

¿Cuál lección se ha de compartir con los que leen o escuchan la parábola del rico y Lázaro?  En esa, no se pretende describir qué pasará después de la muerte o cómo se les juzgará a los muertos.

Ni se les pide a los pobres que se resignen a su infortunio y esperen no más la otra vida.  Con la promesa de que se les dará allá el gozo eterno, por las aflicciones que han pasado.  Tal resignación, claro, abre camino a que unos se hagan ricos a costa de los pobres.

En la parábola, se nos enseña, más bien, a compartir con los pobres.  Se denuncia, sí, el pecado de la indiferencia, el gozarse del dinero sin compartir con los que no tienen nada.

La denuncia nos recuerda la sentencia que el Señor dicta por boca de Amós.  Coincide también con otro texto que dice:

Si uno tiene bienes del mundo y, viendo a su hermano en necesidad, le cierre las entrañas, ¿cómo va a estar en él el amor de Dios?

Y si el sin entrañas se dice de Cristo, será cristiano en pintura no más (SV.ES XI:561).

Mas hay que cortar de raíz la falta de compasión, el no compartir con los pobres.  Lo que pide que nos guardemos de toda codicia, del amor al dinero, la raíz de todos los males.

Y se nos urge que renunciemos nuestros bienes para compartir con los pobres.  Nos granjearemos así al Amigo que nos acoja en sus eternas moradas.  A él hay que servir, no al dinero.

El dinero, después de todo, no nos puede ayudar o salvar.  Pues el hombre, aunque muy rico, muere al igual que los animales.  Aún más, el dinero nos esclaviza y, sí, nos aparta de Dios, de los demás, de nosotros mismos.

Señor Jesús, así de nueva es tu forma de compartir con los pobres que convidas a los que no te pueden pagar.  Concédenos a los pobres que participamos de tu banquete sustraernos al viejo orden de cosas y acoger el nuevo.  Para que, al igual que tú, seamos, para los demás, riqueza por nuestra pobreza, bendición por nuestra maldición y salvación por nuestra transgresión.  Líbranos de nuestros bienes para que busquemos la justicia, la piedad, la fe, la paciencia, el amor, la dulzura.

28 Septiembre 2025
26º Domingo de T.O. (C)
Amós 6, 1a. 4-7; 1 Tim 6, 11-16; Lc 16, 19-31

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