Oración:
¡Padre de la Esperanza! Con gratitud te elevamos nuestra voz en este año jubilar, reconociendo tu inmenso amor que, desde hace 400 años, llamó a san Vicente de Paúl a fundar la Congregación de la Misión para anunciar el Evangelio a los pobres.
Hoy, continuando ese legado, te pedimos que nos guíes y fortalezcas en nuestro compromiso de ser misioneros audaces y generosos, atentos a las necesidades de nuestros hermanos y hermanas más vulnerables. Haz que nuestros corazones permanezcan sensibles ante los sufrimientos de los pobres, para descubrir en ellos el rostro de tu Hijo amado.
Concédenos revestirnos del Espíritu de Cristo, para anunciar, practicar y testimoniar tu Reino en todos los rincones del mundo. Que ninguna periferia quede sin experimentar la alegría del Evangelio, la fuerza de la caridad y la esperanza que brota de tu amor.
Haz que, al celebrar estos 400 años de gracia, encarnemos una espiritualidad auténtica, capaz de responder a los desafíos de nuestro tiempo con compasión y acciones concretas, como lo soñó san Vicente: con la “fuerza inventiva de la caridad”.
Te lo pedimos por Jesucristo, nuestra esperanza, en quien encontramos la plenitud de tu amor y la inspiración para seguir sus pasos. Amén.
Padrenuestro….
Oración por el Año Jubilar, por el papa Francisco
Padre que estás en el cielo, la fe que nos has donado en tu Hijo Jesucristo, nuestro hermano, y la llama de caridad infundida en nuestros corazones por el Espíritu Santo, despierten en nosotros la bienaventurada esperanza en la venida de tu Reino.
Tu gracia nos transforme en dedicados cultivadores de las semillas del Evangelio que fermenten la humanidad y el cosmos, en espera confiada de los cielos nuevos y de la tierra nueva, cuando vencidas las fuerzas del mal, se manifestará para siempre tu gloria.
La gracia del Jubileo reavive en nosotros, Peregrinos de Esperanza, el anhelo de los bienes celestiales y derrame en el mundo entero la alegría y la paz de nuestro Redentor.
A ti, Dios bendito eternamente, sea la alabanza y la gloria por los siglos. Amén.
Oración a la Virgen:
(De los escritos de san Vicente de Paúl)
Santísima Virgen María ayúdanos a estar dispuestos a practicar las máximas evangélicas, te pedimos que llenemos de ellas nuestro espíritu, llenemos nuestro corazón de su amor y vivamos en consecuencia. Por tu intercesión ya que, mejor que ningún otro, penetraste el sentido de esas enseñanzas y las practicaste. Para esperar que, al vernos aquí en camino de vivir según estas máximas, nos serán favorables en el tiempo y en la eternidad (cfr. XII, 114-129).
¡Oh, Santísima Virgen, pide al Señor este favor, pídele una verdadera pureza para nosotros, para toda la familia vicentina! Esta es la súplica que te hacemos. (cfr. XI, 447-449). Amén.
Dios te salve…. Gloria…
SÉPTIMO DÍA: La formación del clero y la vida interior
Signo: Un cáliz y una Biblia colocados juntos sobre un paño blanco. El cáliz representa el ministerio sacerdotal; la Biblia, la fuente de la vida interior. Ambos expresan que sin intimidad con Dios no hay fecundidad pastoral.
Canción: In Persona Christi
Iluminación Bíblica: (Juan 15, 1-8)
Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto lo corta, y todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto todavía. Vosotros ya estáis limpios gracias a la palabra que os he anunciado. Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mí.
Yo soy la vid; vosotros, los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en mí, lo tiran fuera como al sarmiento, y se seca; después los recogen, los echan al fuego y arden. Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y se os dará. En esto es glorificado mi Padre, en que deis mucho fruto y seáis mis discípulos.
Escuchemos a San Vicente de Paúl:
Aunque su carta no exige respuesta, no puedo sin embargo dejar de escribirle cuanto antes, y lo hago hoy para darle gracias a Dios porque finalmente vislumbra usted alguna solución favorable en la obra que ha comenzado. Es de esperar que Dios le dará su bendición. Le ruego que le dé su espíritu en abundancia para que lo pueda derramar sobre el estado eclesiástico, ya que sin duda alguna, si los sacerdotes son buenos, los pueblos también lo serán y los herejes se convertirán. Lo que más le recomiendo en nombre de Nuestro Señor es que forme a sus pensionistas en la vida interior. No carecerán de ciencia si tienen virtud, ni de virtud si se entregan a la oración; si ésta se hace bien y con fidelidad, los introducirá sin duda en la práctica de la mortificación, del desapego de los bienes, del amor a la obediencia, del celo por las almas y en todas las demás obligaciones. (Carta a Fermín Get, 4 de julio de 1659)
Reflexión:
Jesús nos recuerda en el Evangelio que sólo quien permanece unido a Él da fruto. Para san Vicente, esta verdad se aplicaba especialmente al clero: sin vida interior, la acción pastoral se vuelve estéril. Por eso insistía en la formación integral de los sacerdotes, convencido de que “si los sacerdotes son buenos, los pueblos también lo serán”.
En el siglo XVII, Vicente veía la necesidad urgente de reformar el clero: muchos sacerdotes vivían en la ignorancia, sin preparación, sin celo pastoral. Por eso la Congregación de la Misión dedicó gran parte de sus energías a los seminarios, retiros y ejercicios espirituales para formar pastores según el corazón de Cristo. La verdadera renovación de la Iglesia comienza por la conversión y la santidad de sus ministros.
A lo largo de 400 años, esta misión ha dado frutos inmensos. Allí donde los misioneros han acompañado y formado al clero, las comunidades cristianas han florecido. Hoy, en un mundo donde los sacerdotes enfrentan nuevas dificultades —soledad, desgaste, escándalos que hieren la credibilidad de la Iglesia—, la invitación de Vicente sigue vigente: volver a la vida interior, al cultivo de la oración, al amor a la Palabra, a la fidelidad en lo pequeño.
Celebrar el jubileo de la Congregación es redescubrir esta prioridad: un clero formado no sólo en la ciencia, sino sobre todo en la virtud; pastores que beban de Cristo en la oración y sean testigos de esperanza. Así la Iglesia podrá seguir anunciando con credibilidad el Evangelio a los pobres.
Preguntas:
- ¿Cómo entiendo hoy la importancia de la vida interior en mi vocación y misión?
- ¿Soy consciente de que la renovación de la Iglesia comienza en la santidad de sus ministros y consagrados?
- ¿Qué medios concretos cultivo para permanecer unido a Cristo, la Vid verdadera?
Gozos
“San Vicente de Paúl, enciende en nosotros el fuego de la caridad”
Fuego de la caridad, desde el campo a la ciudad,
como campesino o preceptor; de misionero a fundador.
La llama ardiente de tu celo, nos pone en la misión de quitar el velo
a los esclavos y a los afligidos, a quienes damos el Evangelio.
Tus hijos e hijas llevan con pasión tu heraldo,
en el firmamento luz ponderosa de tu amor nos guía
con la fuerza imperativa de amar sin miedo,
a quien sediento por la justicia corría.
En el horizonte nos invitas a fijar mirada,
amor efectivo reclaman los pobres;
que sea nuestra caridad inventiva y cimentada
para dar a Cristo en la tierra un mundo sin distinciones.
Padre de los pobres, predicador infatigable
del celo por las almas compártenos ejemplo;
para dar a los pobres testimonio fiable
que conduzcan al hombre a verdadero templo
¡El pueblo muere de hambre y se condena!
Urge llevar el pan con justicia,
que sólo por nuestro amor
los pobres nos perdonarán.
¡Oh Vicente de Paúl! Que no se halle en nosotros
un amor que sea subjetivo, ¡donativo debe ser!,
con el esfuerzo de nuestro brazos,
y en la frente el sudor, para dar a conocer al prójimo
el amor de nuestro Dios.
Misión y Caridad son las alas
que te llevaron al cielo,
a tu entrada, pobres y ricos te esperaban.
Gozosos tu hijos, mientras Cristo te coronaba
de laureles y santidad, padre y apóstol,
la Iglesia en ti se reflejaba.
Oración final al corazón de san Vicente de Paúl:
Oh Corazón de San Vicente que sacaste del Sagrado Corazón de Jesús, la caridad que tú derramaste sobre todas las miserias morales y físicas de su tiempo, alcánzanos de jamás dejar pasar a nuestro lado miseria alguna sin socorrerla.
Haz que nuestra caridad sea respetuosa, delicada, comprensiva, efectiva como fue la tuya. Pon en nuestros corazones una fe viva que nos haga descubrir a Cristo sufriente en nuestros hermanos desventurados.
Llénanos del celo ardiente, luminoso, generoso que jamás encuentre dificultad alguna en servirlos. Te lo pedimos, oh Corazón de Jesús por la intercesión de aquel, cuyo corazón no latía ni actuaba más que por impulso del tuyo. Amen












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