“Bendito sea el Señor para siempre”
Esd 9, 5-9; Tob 13; Lc 9, 1-6.
Jesús envía hoy a los Apóstoles a predicar. «Hoy» significa hace 2.000 años y también “nuestros días”. Cada cristiano –cada bautizado– tiene el honor de ser otro apóstol. Y las consignas para la misión son las mismas: hemos de apoyarnos sobre todo en la fuerza de Jesucristo.
Y podríamos preguntarnos: ¿Puedo llevar el bastón, los morrales, el pan, el dinero, las túnicas? Y nos contestarían: pero, ¿de qué vas? ¿De turista o de apóstol? ¡A menos equipaje, mayor velocidad para llevar la Buena Nueva de Dios!
Nuestra misión es ser apóstoles y recorrer las calles anunciando la Buena Nueva del amor de Dios. Es ésta nuestra misión: vivir y meditar el Evangelio (la misma palabra de Jesús) a fin de dejarla penetrar en nuestro interior. Así, poco a poco, iremos derramando la gracia de su Palabra por todos los rincones.
Jesús nos convoca a la espera de una nueva vida.
San Vicente de Paúl nos dice: “Pertenece a Dios solamente escoger a los que Él quiere llamar, y estamos seguros de que un misionero dado por su mano paternal hará más que otros que no tengan una vocación sincera”.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Arturo García Fonseca, C.M.













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