Jesús es la luz del mundo. Por lo tanto, seguirlo quiere decir estar lejos de las tinieblas y tener la luz de la vida.
Aún está lejos de ser de los dichosos pobres «el emprendedor Vicente». Pues parece bastarse a sí mismo.
Es decir, parece no contar mucho con Dios; cuenta no más con Dios para que este «se ponga de su parte y a su servicio». Por lo tanto, le falta aún al presbítero que está por los treinta años la piedad verdadera. Pues aún no se eleva él a Dios para conocer y cumplir lo que este quiere. Se puede decir que el emprendedor está lejos aún de la luz.
Mas la noche oscura pasa a su debido tiempo. Se disipan, quedan lejos, las tinieblas. Coincide esto con hacer Vicente el voto de consagrar el tiempo que le queda de vida a los pobres (Delarue).
Así que, al fin, acepta el presbítero que él es de ellos, de los pobres; ya no los va a tratar de dejar. Pues, sí, estar cerca de ellos quiere decir estar lejos de las tinieblas.
Consagrado a ellos, llega a conocer Vicente el verdadero culto que dan ellos a Dios (SV.ES XI:120, 462). El verdadero culto que el Padre oculta a los sabios y revela a la gente sencilla. Es que Dios escoge a los necios y a los débiles para humillar a los sabios y a los fuertes.
Estar lejos de las tinieblas quiere decir estudiar en La Escuela de los Pobres.
De verdad, se aprende mucho de los pobres. Ellos nos enseñan a hacer que nuestra pobreza material eche raíces en nuestro espíritu de modo que confiemos en Dios del todo. A hacer que ella sea parte propia de nuestro ser, pensar, sentir y actuar.
Por lo tanto, ser pobre de espíritu nada tiene que ver con hacer cómodo lo que enseña Jesús. Cómodo para los que se hacen ricos a costa de los pobres. Lo que se enseña, de hecho, no se conforma con las situaciones de injusticia y nos impulsa a cambiarlas. Pues la dicha no es de las situaciones, sino de las personas.
Así que lo que dice Jesús exige que nos consagremos a conseguir un nuevo orden de cosas. A trabajar con Jesús para que venga el reino de Dios. Para que se haga en la tierra como en el cielo la voluntad del Padre.
Señor Jesús, concédenos amar a Dios con todo nuestro ser. Y a los demás, a los pobres en especial como a nosotros mismos, hasta entregar nuestro cuerpo y derramar nuestra sangre. Estaremos así lejos de las tinieblas y sumidos, más bien, en tu luz. Y lograremos también proclamar tu paz, anunciar tu buena noticia y pregonar tu justicia. Haz brillar nuestra luz al hacer nosotros obras de justicia y amor (Is 58, 8; Mt 5, 16).
27 Septiembre 2025
Solemnidad de san Vicente de Paúl
Is 52, 7-10; 1 Cor 1, 26-31; Mt 5, 1-12a













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