Evangelio y Vida para el 20 de septiembre de 2025
“Eso les escandaliza…”
1 Tim 6, 13-16; Sal 99; Lc 8, 4-15.
Hoy escuchamos una parábola muy importante: la del sembrador. Ahí aparece cuál es la tarea del cristiano para santificarse: ser una buena tierra, preparada para acoger la semilla divina. La santidad la da Dios, no la fabricamos nosotros.
Señor, le digo a Dios, ¿acaso soy yo culpable de tener tantas espinas, tantas preocupaciones? Ya quisiera no tenerlas, pero me vienen por todas partes. Y Dios me responde: ¡Y tú por qué olvidas que Yo Soy tu Padre y te dejas esclavizar por un mañana que no sabes si llegará! ¡Por qué te preocupas!
Dios cuenta con nuestra libertad. ¡Eduquemos, pues, la libertad! Porque algunos andan “ahogados” por la vida. ¿Qué hay en nuestro corazón? ¿Piedras? ¿Abrojos? ¿Tierra labrada?
Si viviéramos con más confianza en la providencia divina, con una firmísima fe, seguros de su protección diaria, cuántas preocupaciones o inquietudes nos ahorraríamos. Y así, buscaríamos las cosas del Reino haciendo la voluntad del Padre, y Él se preocuparía de todo lo demás.
San Vicente de Paúl nos dice: “La Iglesia es como una gran mies que requiere obreros, pero obreros que trabajen”.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Arturo García Fonseca, C.M.
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