Matthew DeBoer, director de la Escuela Católica de la Anunciación en Minneapolis y miembro de los Misioneros Seglares Vicencianos, describió el tiroteo del 27 de agosto durante una misa de inicio de curso, cuando un hombre armado disparó más de 100 balas, matando a dos alumnos e hiriendo a 17. Elogió a los maestros y niños por su valentía, afirmando: “El amor fue más grande que el miedo”, y pidió actuar para poner fin a esta violencia.
En la mañana del 27 de agosto, una misa de inicio de curso en la Iglesia Católica de la Anunciación en Minneapolis se convirtió en caos cuando un hombre armado abrió fuego en el exterior del edificio. Más de cien disparos de fusil atravesaron las vidrieras y resonaron en los bancos donde se encontraban niños, padres y maestros.
Después de la tragedia, el director de la Escuela Católica de la Anunciación, Matthew DeBoer, se ha esforzado por encontrar las palabras adecuadas, insistiendo en que la historia debe contarse. En una carta en la que relataba lo sucedido, DeBoer, que también es miembro de los Misioneros Seglares Vicencianos, describió lo que ocurrió dentro de la iglesia mientras las balas destrozaban las ventanas y el terror se extendía por el templo.
“En cuestión de segundos —escribió—, nuestros maestros colocaron a los alumnos debajo de los bancos para protegerlos. Los estudiantes mayores ayudaron a los más pequeños, rodeándolos con sus brazos. Los niños se abrazaban unos a otros con miedo”.
El ataque del tirador dejó dos estudiantes muertos (Fletcher Merkel, de ocho años, y Harper Moyski, de diez). Otras diecisiete personas, muchas de ellas niños, resultaron heridas. Algunos fueron dados de alta rápidamente de los hospitales; otros siguen recuperándose de heridas graves.
DeBoer afirmó que aquellos momentos parecían interminables. Sin embargo, en medio del caos, vio una valentía extraordinaria. “El amor fue más grande que el miedo —reflexionó—. Dios fue más grande que el mal en esos minutos que parecieron una eternidad”.
Elogió las rápidas y generosas acciones de los maestros que protegieron a los alumnos con sus propios cuerpos, y la serena valentía de los estudiantes mayores que cuidaron de sus compañeros más pequeños. Incluso bajo la sombra de los disparos, insistió, la comunidad encarnó los valores de fe y compasión que la Escuela de la Anunciación siempre ha enseñado.
Aun así, la carta de DeBoer no fue solo un testimonio de supervivencia: fue también un llamamiento a la acción. Instó a las comunidades, legisladores y líderes religiosos a considerar el derecho a vivir como más importante que el derecho a poseer las armas que causaron tanta destrucción. “Cuando reces, mueve los pies”, recordó a sus lectores, llamando a los creyentes a convertir la fe en acción.
La tragedia en la Escuela Católica de la Anunciación queda ahora como uno de los episodios de violencia más devastadores en Minnesota en los últimos años. Para DeBoer, sin embargo, siempre será recordada no solo por las vidas perdidas, sino por el testimonio de quienes eligieron el amor frente al terror.
“Nadie debería volver a pasar por esto nunca más —escribió—. Y juntos, debemos asegurarnos de que no ocurra”.













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