“Me pondré en camino a donde está mi Padre“
Ex 32, 7-11. 13-14; Sal 50; 1Tim 1, 12-17; Lc 15, 1-32.
Hoy Jesús nos enseña la misericordia y el perdón. Las parábolas que hoy se nos presentan tienen dos fines: mostrar el auténtico rostro de Dios, Padre misericordioso, y el gesto del perdón que Jesús ofrece a los que se han perdido.
A través de las parábolas, Dios se ha revelado como fuerza de un amor que crea y salva. Pensemos: Cualquier pastor que ha perdido una oveja coloca las otras en sitio seguro y se arriesga a buscar la que falta. La mujer que ha extraviado una moneda no se ocupa de las otras; ilumina su casa y limpia todo hasta encontrarla. Lo hermoso es que, en ambos casos, se suscita el mismo gozo, la alegría de encontrar aquello que estaba perdido. La parábola del Padre que perdona, que sale al encuentro y que abraza a su hijo, es muy apropiada para indicar la fuerza del perdón de Dios y su manera de tratar a los alejados. La forma de actuar de Dios es semejante: no le basta con tener a los buenos, atiende especialmente a los que están en peligro.
San Vicente de Paúl nos dice: “Para morir como Jesucristo, hay que vivir como Jesucristo”.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Arturo García Fonseca, C.M.








0 Comentarios