Evangelio y Vida para el 9 de septiembre de 2025
“El Señor es bueno con todos”
Col 2, 6-15; Sal 144; Lc 6, 12-19.
Hoy Jesús no ha dormido. ¡Pasó toda la noche rezando! Por los Apóstoles –que iba a llamar pocas horas después–, por todos los cristianos y por nosotros, que hemos llegado a la Iglesia veinte siglos más tarde. ¡Somos continuadores de aquellos primeros apóstoles! Por eso Cristo también rezó por nosotros.
¿Cómo era la oración del Señor? De lo que se desprende del Evangelio, debía ser una plegaria llena de amor y confianza en su Padre Dios, de total abandono a su voluntad: “no busco hacer mi propia voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado” (Jn 5, 30). Una oración de manifiesta unión a la obra salvadora y a la alianza eterna. Solo desde esta profunda oración, sostenida por la acción del Espíritu Santo, el Señor Jesús podía obtener la fuerza y la luz necesarias para continuar su misión.
La elección subsiguiente de los apóstoles nos muestra cómo la Iglesia naciente fue fruto de esta oración de Jesús al Padre en el Espíritu Santo.
Dios quiera que toda nuestra vida de cristianos (discípulos~misioneros) esté siempre inmersa en la oración. ¿Cómo es tu oración?
San Vicente de Paúl nos dice: “Denme un hombre de oración y será capaz de todo”.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Arturo García Fonseca, C.M.
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