“Tú eres, Señor, nuestro refugio”
Sab 9, 13-18; Sal 89; Flm 1, 9-10. 12-17; Lc 14, 25-33.
Hoy descubrimos que la vida cristiana es un viaje continuo con Jesús. Y en su «auto» cabemos todos: familiares, amigos… Hoy día, muchos se apuntan, teóricamente para ser cristianos, pero de hecho no viajan con Jesús, se quedan en el punto de partida y no empiezan el camino (cristianos de nombre), o abandonan pronto, o hacen otro viaje con otros compañeros (otras religiones, otras fuerzas espirituales o supersticiones).
El equipaje para andar en esta vida con Jesús es la cruz, cada cual con la suya; pero, junto con la cuota de dolor que nos toca a los seguidores de Cristo, se incluye también el consuelo con el que Dios conforta a sus testigos en cualquier clase de prueba. No olvidemos que la mejor recompensa es la alegría del Evangelio. Dios es nuestra esperanza y en Él está la fuente de vida.
Pues, si el equipaje es la Cruz, ¡vale la pena si es para ir con Jesús!
San Vicente nos dice: “Dichoso estado aquel que consiste en sufrir por amor de Dios. Cuán agradable es a sus ojos ya que su propio Hijo quiso coronar las acciones de su Santa Vida por medio de la muerte en la cruz”.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Arturo García Fonseca, C.M.









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