Cena para pobres, lisiados, cojos, ciegos
Cristo, abnegado y humilde, es el que se come y se bebe en la Santa Cena. Todos sus convidados son pobres; no le pueden pagar.
Al parecer de los fariseos, los judíos buenos no toman comida o cena con los pecadores. Quizás crean que acercarse a los que toman por pecadores es ser laxo. Y los laxos podrían abrir el camino hacia una relajación religiosa y moral.
Acerca de esto, a Jesús critican los fariseos. No confían en él. Por tanto, le espían si bien es un convidado de un fariseo importante; a ver si el convidado los sorprende como lo hizo al no lavarse las manos antes de comer.
Pero no diluye él la ley y los profetas. Después de todo, no los anula, sino los cumple. Son duras, pues, sus palabras contra tanto el matar como el enojarse. Y dice que les basta a los hombres con mirar a las mujeres con malicia para cometer adulterio. Aún más, no está de acuerdo con pagar mal por mal. Enseña también que hay que amar a los enemigos.
Y ahora da él el consejo de no escoger los primeros o mejores asientos en la mesa. A fin de que nadie termine avergonzado. Y con el consejo práctico, Jesús propone, de hecho, un trastorno de valores: lo alto es bajo, lo bajo es alto; primero es último, último es primero.
Más trastorno hay. Pues dice Jesús que el que busque dar una comida o una cena ha de invitar a los pobres; no le podrán pagar. Es decir, exige Jesús los tratos que van más allá de «Te doy para que me des». Quiere que nos relacionemos los unos con los otros sin buscar nadie los propios intereses. Y esto de no buscar los propios intereses y de buscar el último y más bajo puesto va en contra de los instintos humanos.
Así que, no, no hay nada de laxo en lo nuevo que introduce Jesús.
Señor Jesús, concédenos no hacer nada por egoísmo o vanagloria, sino ser humildes y tomar a los demás por mejores que nosotros. Viviremos así lo que celebramos en tu Santa Cena. Y haz que guardemos la verdadera religión de los pobres y que les demos gracias por alimentarnos (SV.ES XI:121).
31 Agosto 2025
22º Domingo de T.O. (C)
Eclo 3, 17-18. 20. 28-29; Heb 12, 18-19. 22-24a; Lc 14, 1. 7-14















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