Contemplación: Serán los primeros

por .famvin | Ago 22, 2025 | Contemplación SSVP USA, Formación, Sociedad de San Vicente de Paúl | 0 comentarios

Este artículo apareció originalmente en ssvpusa.org

En nuestras visitas domiciliarias, siempre procuramos ayudar al prójimo a determinar las prioridades más apremiantes entre sus necesidades; a descubrir qué es lo más importante de atender en este momento. No nos corresponde a nosotros decidirlo, sino al prójimo, con nuestro estímulo, nuestra comprensión y, si lo desea, nuestro consejo. Esperamos liberarle de la tiranía del momento, ayudarle a mantener la perspectiva y seguir adelante con confianza.

A menudo, la necesidad más grande parece obvia. Sin duda, no hay necesidad más urgente que la comida, y el alojamiento es claramente más importante que el transporte. Sin embargo, a veces, al dar un paso atrás para intentar evaluar los problemas con cierta distancia, para verlos objetivamente, podemos perder de vista lo más importante.

En una visita reciente, una señora estaba completamente desbordada por la carga emocional de los muchos retos que habían trastocado su vida en los últimos meses. Sus necesidades se habían acumulado, convirtiéndose en una bola de nieve, en un peso tan enorme que incluso su sombra era ya insoportable. Se enfrentaba a dificultades que yo nunca he afrontado, pero no fue la falta de dinero, de trabajo, de casa o de coche lo que la llevó a las lágrimas. En cambio, sollozaba: “Nunca me he sentido tan insignificante”.

No pobre. No desesperada. Insignificante. Así es como uno se siente cuando camina por el arcén de la carretera, hambriento y sin que nadie le vea, mientras el mundo sigue pasando a toda velocidad. Sin importancia. Así es como uno se siente cuando todo por lo que ha trabajado se ha perdido y cree que no le queda nada con lo que mostrar al mundo su valor.

«Hasta ahí es preciso llegar —decía san Vicente—:creer siempre que el otro vale mucho más que nosotros» [SVPO ES IX-1, 284]. El apóstol san Pablo decía lo mismo: que siempre debemos «considerar humildemente a los demás como superiores a nosotros mismos» [Fil 2,3]. Cuando leemos esas palabras e intentamos ponerlas en práctica, resulta difícil, porque todos instintivamente nos ponemos en primer lugar. Solo los héroes, aquellos que se arrojan sobre una granada o que entregan su vida por la de otro, viven verdaderamente esas palabras. Pero esos no son actos de heroísmo, sino de amor; de anteponer el bien del otro al propio, del mismo modo que Cristo, con su ejemplo de humanidad y sacrificio, nos mostró la expresión suprema del amor.

Es precisamente así como los pobres de espíritu son bienaventurados (Mt 5,3); son santos. Se han visto obligados a considerarse menos importantes que los demás. Han sido humillados como Cristo fue humillado. Están ante nosotros en su lugar, suplicando ser vistos y comprendidos. Por eso, cuando buscamos ayudarles a descubrir qué es lo que más importa, procuremos decir siempre, con nuestras palabras y nuestras acciones: “Me importas. En este momento, y en mi corazón, para mí y para nuestro Padre, eres importante”.

Contemplar

¿Permito que la pobreza de mi prójimo me bendiga, y devuelvo esa bendición con amor?

Por Timothy Williams
Director Senior de Formación y Desarrollo de Liderazgo
Sociedad de San Vicente de Paúl USA.


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