“Envió a sus sirvientes para llamar a los invitados”
Jue 1, 29-39; Sal 39; Mt 22, 1-14.
Una boda es un gran acontecimiento y ser invitado al banquete nos lleva a destinar tiempo, dinero y esfuerzo buscando la mejor vestimenta para lucir apropiados en ese evento. Hemos leído hoy un texto en el que los invitados ponen muchos pretextos para no acudir al banquete y el rey decide invitar a otros a participar de la alegría de un festín.
La Eucaristía es este banquete al que estamos invitados, pero para el que también, a veces, tenemos excusas: el trabajo, los quehaceres de casa, las tareas escolares, las salidas con amigos, etc.
Hemos sido convidados al banquete y necesitamos vestirnos de fiesta con el traje del amor, del servicio, del perdón, de la alegría… A la Eucaristía nos acercamos con un corazón arrepentido y al prójimo nos acercamos con el traje del amor y del servicio, dispuestos a compartir con los necesitados nuestro tiempo y nuestros bienes.
Jesús, me invitas a seguir tus huellas. Ayúdame a elevar mi corazón hacia Ti para saber corresponder a tanto amor, participando dignamente en este banquete de la Eucaristía y del servicio efectivo a mis hermanos.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Laura Ríos, Comedor Vicentino













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