“Vayan también ustedes a mi viña”
Jue 9, 6-15; Sal 20; Mt 20, 1-16.
¿Quién dice que ya no hay trabajo? Jesucristo, en esta parábola, viene a ofrecernos uno: el trabajo por su viña, por su Iglesia. ¿Y con qué moneda nos pagará? Con la vida eterna.
Es necesario ver cuánta necesidad hay en el mundo. No sólo en las misiones, también en nuestra ciudad, en nuestra parroquia, quizás también en nuestra propia familia. Porque a unos les falta el pan y a otros el alimento espiritual, que es la palabra de Dios. Cada uno tenemos una vocación muy concreta que Dios nos ha regalado, una misión. ¿Cuál es la mía? Mi primera misión es la de ser cristiano, por algo estoy bautizado. Y un cristiano lo es en la medida que da testimonio de Jesucristo con su vida.
¿Hay otras maneras de trabajar en la viña del Señor? Desde luego: la oración, el consejo acertado, la ayuda económica, etc. Hay que echarle un poco de imaginación y creatividad. De seguro que encontraré un apostolado que me venga a la medida. Y si no, le preguntaré a mi párroco. Jesús nos necesita. Necesita tus manos, tu inteligencia, tu trabajo para hacer algo por los demás. Decídete a ser un apóstol y prepárate para el premio de la vida eterna.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Laura Ríos, Comedor Vicentino













0 comentarios