Ver a Cristo en el rostro de los pobres

Contemplación: Para hacer más felices a los demás

por .famvin | Ago 16, 2025 | Contemplación SSVP USA, Formación, Sociedad de San Vicente de Paúl | 0 comentarios

Este artículo apareció originalmente en ssvpusa.org

¿Por qué te uniste a la Sociedad de San Vicente de Paúl? ¿Por qué sigues siendo miembro? Las respuestas a estas dos sencillas preguntas pueden guiarnos, como individuos, como Conferencias y como Sociedad de San Vicente de Paúl, hacia el crecimiento en todas las dimensiones.

Muchos, si no la mayoría de nosotros, nos sentimos atraídos por primera vez hacia la Sociedad por la expectativa de participar en el servicio a nuestro prójimo: el acto físico de encontrarse, escuchar y ayudar a personas reales con necesidades reales. Los “ministerios de mesa de conferencia” están bien, pero la vocación vicentina es siempre una llamada a la acción. San Vicente lo dejó claro muchas veces: «porque todas nuestras razones no consiguen fruto —explicó— si no llegamos a la acción» [SVP ES XI-3, 107].

Poco después de incorporarnos, se nos introduce más plenamente en nuestra espiritualidad vicentina y comenzamos a comprender la plenitud de esta llamada. El propósito de la Sociedad es nuestro crecimiento en santidad, hacia la unión con Cristo, junto con los hermanos y hermanas vicentinos que recorren este camino con nosotros. No servimos únicamente para entregar pan o pagar facturas, lo cual se volvería pronto rutinario o incluso tedioso. Es a Cristo a quien servimos, y gracias a ello nosotros mismos mejoramos. Mejoramos «para hacer más felices a los demás», como expresó en una ocasión el beato Federico [Carta a Amélie Soulacroix, de 28 de febrero de 1841].

Recibimos la gracia transformadora de Dios al compartir con los demás estas obras de caridad, alegrándonos del crecimiento de cada uno, beneficiándonos de la sabiduría de los miembros más veteranos, del entusiasmo de los más nuevos y, especialmente, del prójimo al que servimos, sabiendo que «la bendición de los pobres es la bendición de Dios» [Informe sobre las actividades de la Sociedad de San Vicente de Paúl, desde los orígenes,  de 27 de junio de 1834].

Cuando nuestras Conferencias se enfrentan a desafíos a la hora de responder a las necesidades que tenemos enfrente, cuando nuestras filas se reducen por la marcha de miembros mayores, no debemos sorprendernos ni desanimarnos, pues sabemos, como sabía Federico, que en las Conferencias hay «temporadas frías y otras mejores; hay en ellas vicisitudes, como en todas las cosas humanas» [Carta a Pierre Ballofet, de 23 de enero de 1837]. En lugar de dejarnos abrumar por el trabajo, debemos dejarnos impregnar con las bendiciones que recibimos de él, bendiciones no solo suficientes para ser compartidas, sino destinadas a ser compartidas.

Fue nuestra fe la que nos llamó a la acción, y nuestro Dios quien nos llamó a esta vocación. No necesitamos reclutar ni convencer a la gente para que se una; solo necesitamos compartir la misma llamada que nosotros respondimos en su día y que nos ha recompensado tan generosamente. Estamos rodeados de personas deseosas de servir, que anhelan a Dios y que, aunque aún no lo sepan, están esperando ser llamadas a ser vicentinas. Hemos encontrado a Cristo en esta labor. No lo guardemos solo para nosotros.

Contemplar

¿Por qué me uní a la Sociedad? ¿Por qué sigo? ¿Por qué habría de guardármelo solo para mí?

Por Timothy Williams
Director Senior de Formación y Desarrollo de Liderazgo
Sociedad de San Vicente de Paúl USA.


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