Precio de la paz de Cristo Jesús
Cristo Jesús es nuestra paz. Pues nos une él a Dios y los unos a los otros por la cruz. Esa paz, por lo tanto, tiene un precio grande, no de oro o plata, sino del cuerpo y sangre de Cristo.
Mientras enseña a sus discípulos, Jesús parece experimentar un arranque de ilusión. Pues dice: «He venido a prender fuego a la tierra y, ¡cómo me gustaría que ya estuviera ardiendo!» Pero no es la ilusión del romántico. O de los discípulos, a los que ha de reprender el Maestro, al parecer de los fariseos. La de Jesús es diferente; se da cuenta él del precio que se ha de pagar.
Arde, sí, Jesús en celo del reino de Dios y su justicia (véase SV.ES XI:553). El Maestro sabe también lo mucho que se le pide, pues mucho se la ha confiado. Y no se le escapa esto: buscar mejorar la vida de los pobres es ganar la ira de los que no quieren que haya cambio.
Mas no solo no es ingenuo él. Acepta también las exigencias de la misión que se le ha dado. Por lo tanto, acepta el bautismo con que se ha de bautizar y la angustia que viene con tal bautizar.
Y no engaña Jesús a sus discípulos; no les oculta que él no siempre representa la paz, que a veces representa la división. Se debe a él que que unos caen y otros se levantan; es señal de contradicción. Ante la gente, él es vida y bendición para unos y muerte y maldición para otros.
Al no engañar, Jesús advierte a sus discípulos. Ser discípulos veraces quiere decir no traer la paz sino la división. Les comparte él su destino; si se le persigue al Maestro, se les perseguirá también a los discípulos.
Sí, los discípulos veraces se enfrentan a los conflictos con los que viene el hacer el bien (SV.ES I:143). Al igual que Jeremías también, un buen precio pagan por hablar y obrar por un mundo más justo y humano.
Señor Jesús, danos la ilusión y la pasión de cambiar el mundo de acuerdo con lo que quieres. En ti fijamos los ojos y recordamos el precio de tu cuerpo y sangre que pagaste para salvarnos. Haz que esto nos lleve a que siempre ardamos en celo, que solo así seremos verdaderos cristianos (SV.ES XI:763).
17 Agosto 2025
20º Domingo de T.O. (C)
Jer 38, 4-6. 8-10; Heb 12, 1-4; Lc 12, 49-53
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