Obispo Janez Frančišek Gnidovec, CM: Un humilde pastor para el pueblo

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14 agosto, 2025

Obispo Janez Frančišek Gnidovec, CM: Un humilde pastor para el pueblo

por .famvin | Ago 14, 2025 | Formación, Vicencianos destacados | 0 comentarios

Primeros años

Janez Frančišek Gnidovec nació el 29 de septiembre de 1873 en Veliki Lipovec, Eslovenia, en la parroquia de Ajdovec, al oeste de Novo Mesto, y fue bautizado al día siguiente en la iglesia parroquial.

Su familia, humilde y campesina, profundamente cristiana, le inculcó desde pequeño el amor a Dios y a los necesitados, así como la importancia de rezar en busca de orientación y ayuda. Era costumbre rezar por la mañana y por la noche, antes de las comidas, y también recitar el «Ángelus» al mediodía…

La infancia de Janez F. Gnidovec no fue feliz. A los siete años perdió a su madre. Desde muy pequeño tuvo que trabajar en el campo, especialmente cuidando las pocas vacas y cerdos que tenían. Aprendió pronto a ganarse el pan con el sudor de su frente.

A esa misma edad comenzó la escuela primaria en Ajdovec, que solo contaba con primer grado. Por eso, continuó sus estudios en Novo Mesto, donde destacó como estudiante brillante. Durante el curso escolar vivía allí, y para no cargar a su padre con gastos adicionales, daba clases particulares a otros alumnos. En 1892 finalizó el bachillerato con honores.

El instituto al que asistió estaba dirigido por franciscanos. Su ejemplo y enseñanza ayudaron a Janez a crecer en la fe. Fue entonces cuando comenzó a visitar diariamente el Santísimo Sacramento.

Vocación sacerdotal

En febrero de 1892, falleció su padre. El único al que pudo acudir en busca de consejo fue el párroco. Tras orar y reflexionar sobre su vocación y su futuro, Janez se trasladó a Liubliana (capital de Eslovenia), donde ingresó en el seminario diocesano para estudiar Teología y prepararse para el sacerdocio. De nuevo, destacó por su rendimiento académico. Trabajó con dedicación para prepararse tanto para la vida como para su vocación.

Ministerio pastoral

El 23 de junio de 1896 fue ordenado sacerdote. Pronto fue destinado como vicario a una parroquia, donde desempeñó su labor con gran entrega. Sus feligreses pronto percibieron que su nuevo sacerdote era un hombre de oración y acción. Si no estaba en la oficina, se le encontraba en la iglesia o visitando a enfermos y ancianos. La gente hablaba de él como de un hombre santo. Sin embargo, su labor pastoral en la parroquia no duró mucho.

Regreso a los estudios

El obispo de Liubliana, Mons. Anton B. Jeglič, fundó el primer colegio clásico esloveno de lengua propia, con régimen de internado. Quería contar con buenos educadores. En 1899 envió a Gnidovec a Viena para estudiar idiomas. Janez compaginó sus estudios de posgrado con atención pastoral a los obreros eslovenos en Viena, conocidos como “vendedores de castañas asadas”. En 1904 obtuvo su título. Durante un año enseñó catecismo en un instituto en Kranj (Eslovenia).

Educador

En 1905, comenzó a trabajar como profesor en el colegio clásico dirigido por la diócesis, y además fue rector del centro. Fue muy respetado y apreciado tanto por su saber como por su carácter. Profesores y alumnos lo consideraban un ejemplo a seguir.

Durante la Primera Guerra Mundial, parte del colegio se transformó en un hospital de campaña. Gnidovec visitaba casi a diario a los soldados heridos, dándoles ánimo y los sacramentos. Entre ellos había también soldados húngaros, por lo que aprendió húngaro para poder servirles mejor.

Ingreso en la Congregación de la Misión

No obstante, el padre Gnidovec no hallaba paz interior ni plena realización en la enseñanza ni en su ministerio. Su corazón estaba con los pobres y necesitados, a quienes deseaba llevar el amor de Dios y el Evangelio. Tras meditarlo durante mucho tiempo, decidió entrar en la Congregación de la Misión (misioneros paúles). El 6 de diciembre de 1919 se despidió de profesores y alumnos, y al día siguiente comenzó el seminario interno. El superior provincial escribió al superior general: “Gnidovec es un hombre de excelente espíritu, dispuesto a cualquier tarea y considerado un santo por sus compañeros”.

Su espiritualidad fue reconocida, y fue nombrado asistente del director del noviciado. Tenía el anhelo de participar en las misiones populares junto a sus cohermanos. Sin embargo, su labor en la provincia yugoslava (hoy provincia de Eslovenia) de la Congregación no se prolongó mucho.

Nombramiento como obispo

El padre Gnidovec nunca hizo alarde de su formación en la Universidad de Viena ni de haber sido rector del colegio diocesano. Era verdaderamente humilde.

Cuando fue llamado por el obispo de Liubliana, sintió gran preocupación por lo que esa llamada podía significar. Pero aceptó el nombramiento y fue consagrado obispo el 30 de noviembre de 1924. Quienes lo conocían no se sorprendieron de su elección.

Cuando se hizo oficial su nombramiento como obispo de Skopie, uno de los sacerdotes de la diócesis preguntó: “¿Es un hombre de oración y tiene paciencia?”. Al recibir una respuesta afirmativa, dijo: “¡Damos la bienvenida a nuestro nuevo obispo!”

Janez Frančišek Gnidovec (1873-1939), obispo esloveno de Skopje, Macedonia, alrededor de 1900. Fuente: Biblioteca Digital de Eslovenia, con el número de referencia KEW9UEX0.

Diócesis de Skopje

La diócesis de Skopie, en el sur de Serbia (actual Macedonia, sur de Yugoslavia y la región de Kosovo), era una verdadera zona de diáspora. Los católicos eran minoría: el 50 % de la población era ortodoxa y más del 40 % musulmana. Resulta difícil imaginar las condiciones de vida tras las guerras balcánicas (1912–1914) y la Primera Guerra Mundial. Las tensiones políticas, étnicas y religiosas eran muy evidentes.

Se consideró que el obispo Gnidovec era la mejor opción porque no era ni serbio, ni croata, ni albanés, sino esloveno. Tenía un don para los idiomas, era piadoso, humilde, perseverante y trabajador.

Su catedral era una iglesia pequeña con un edificio anexo que servía al mismo tiempo de rectoría, despacho episcopal y residencia. En su diócesis había escasez de sacerdotes, iglesias y capillas.

El seminario

Como pastor de una diócesis tan diversa y pobre, su primera prioridad fue el seminario. Sabía que la labor pastoral sólo podía llevarse a cabo con sacerdotes bien formados. Partió de cero, sin fondos disponibles, por lo que se convirtió en “mendigo”.

Para lograr este objetivo, buscó sacerdotes. Regresó a Eslovenia, donde se reunió con obispos y con el superior provincial de la Congregación de la Misión, para solicitar ayuda. Su petición fue aceptada. Varios de sus cohermanos de comunidad y algunos sacerdotes diocesanos acudieron a colaborar, y también recibió ayuda material para la construcción del seminario.

Iglesias y capillas

Muchas pequeñas comunidades católicas de su diócesis no tenían un lugar adecuado para el culto. Cuando un sacerdote iba a celebrar misa o confesar, se utilizaban casas particulares o escuelas. De nuevo, el obispo tuvo que suplicar permisos y fondos. A menudo tuvo que llamar a las mismas puertas una y otra vez. Los funcionarios del gobierno, de mayoría ortodoxa serbia, no querían ver iglesias católicas en sus vecindarios.

Caridad

Muchas personas en su diócesis vivían en la pobreza, tanto material como moral. El obispo Gnidovec quería ofrecerles ayuda espiritual y también material. Algunos funcionarios no comprendían por qué el obispo ayudaba a los pobres y a los mendigos, y lo acusaban incluso de “fomentar” la vagancia.

Pero los necesitados pronto supieron que el obispo era compasivo, y por eso acudían a menudo a su puerta. Él hacía todo lo que estaba en su mano para aliviar su sufrimiento.

Congregaciones y fraternidades

Por su experiencia en parroquias eslovenas, el obispo sabía que tanto jóvenes como adultos necesitaban apoyo y una mejor formación en la fe. Esa necesidad era aún mayor en la diáspora. Comenzaron a surgir grupos como la Legión de María. Una joven muy activa en la Legión de María en Skopie fue Agnes Bojaxhiu, que más tarde sería conocida como Madre Teresa de Calcuta.

También se fundaron fraternidades del Santísimo Sacramento, del Sagrado Corazón, y grupos de Acción Católica.

Tenía gran aprecio por la devoción de los primeros viernes y primeros sábados de mes. Deseaba que las familias adoptaran esta práctica como forma de modelarse según la Sagrada Familia. Sabía que la vida de fe sólo crece en familias buenas y comprometidas.

Publicaciones religiosas

El obispo Gnidovec intentaba estar en contacto con sus fieles, aunque visitar las parroquias y comunidades católicas no era tarea fácil. En muchas zonas de su diócesis, solo se podía viajar a caballo, en bicicleta o a pie.

Escribía regularmente a los sacerdotes, pero se daba cuenta de que los laicos estaban más desatendidos. Entendía ya la importancia de los medios de comunicación para informar y formar a los fieles. El 25 de marzo de 1928 salió el primer número de una revista titulada Blagovijest (La Buena Nueva).

Ljaramani – Católicos ocultos

Durante el dominio otomano en los Balcanes, se impuso el islam a muchas personas. Algunos católicos lo aceptaron. Otros, sin querer abandonar su fe, vivieron una doble vida: se mostraban como musulmanes en público, pero eran católicos en privado. Esta situación duró siglos. Para bautizar a sus hijos, llegaban a viajar durante horas o incluso días hasta encontrar a un sacerdote. Eran los conoidos como ljaramani.

Tras la Primera Guerra Mundial se proclamó la libertad religiosa en los Balcanes y en Yugoslavia, pero los ljaramani no se fiaban y seguían viviendo entre dos religiones.

El obispo Gnidovec trató de hacerles ver que ya no había nada que temer. Los recibía en su despacho para hablar con ellos y formarlos. Durante sus visitas los animaba y enseñaba, pues su conocimiento de la fe católica era muy limitado.

Ecumenismo

Dado que los católicos vivían como minoría entre ortodoxos y musulmanes, el obispo trató de establecer relaciones cordiales con todos, especialmente con los líderes religiosos. Fue un proceso largo y difícil, pero su honestidad, bondad y respeto hacia todos le ganaron finalmente la estima general. Las Hijas de la Caridad siguieron su ejemplo: no hacían distinciones entre las personas, por eso los musulmanes las llamaban “ángeles”.

Como ya se había observado en el seminario de Liubliana, en las parroquias y en el colegio, Gnidovec era “un hombre de oración y trabajador incansable”. Los sacerdotes de su diócesis opinaban igual.

Cuando estaba en casa, celebraba misa a diario y confesaba a los fieles. En sus visitas pastorales, su primera parada era siempre la iglesia o capilla parroquial. Aunque llegara agotado por los viajes, pasaba horas en el confesionario.

Aparentaba ser un hombre frágil. Y lo era. Nunca pensaba en sí mismo. Dedicó su vida al bienestar espiritual y material de sus fieles, sin quejarse nunca ni mostrarse cansado.

A quien no lo conociera bien podría parecerle una persona sencilla, sin pretensiones. Pero cuando se vulneraban los derechos del pueblo o de los fieles, actuaba con firmeza. No dudaba en acudir a las más altas autoridades para defenderlos.

Cuando los sacerdotes le expresaban su preocupación por su salud, su respuesta era siempre la misma: tenía que ser fiel a su lema: “Me hice todo para todos”.

En 1938, comenzó a sufrir frecuentes debilidades. Al acercarse el final del año, su fragilidad se hizo evidente. Con gran esfuerzo celebró las liturgias de Navidad. Finalmente, tras Año Nuevo, fue a Liubliana para un chequeo médico. Le diagnosticaron un tumor cerebral. Pasó un mes en el hospital y, a pesar de los intensos dolores, no se quejaba. Falleció el 3 de febrero de 1939, primer viernes de mes.

La noticia de su muerte entristeció profundamente a sacerdotes y fieles. Incluso personas musulmanas dijeron: “Ha muerto un santo”.

El obispo Gnidovec nunca quiso ni pretendió ser famoso o conocido. Lo único que deseaba era que su nombre estuviera escrito en el Libro de la Vida.

Parece que Dios le confió a Gnidovec dos misiones: la primera, ser rector del Colegio en Liubliana; la segunda, ser obispo de Skopie. Ambas tareas comenzaron con grandes dificultades.

Bajo la dirección de monseñor Jeglic, obispo de Liubliana, Gnidovec fue uno de los fundadores del primer Colegio Clásico Católico esloveno. Durante catorce años se dedicó a la enseñanza y al acompañamiento espiritual de los estudiantes. A lo largo de ese tiempo creció profundamente en su vida espiritual, y supo transmitir ese crecimiento al corazón de sus alumnos. Muchos de ellos guardan un recuerdo entrañable de su paso por el colegio.

No buscaba ser una figura pública. Ingresó en la Congregación de la Misión con el deseo de ser un misionero sencillo. Pero no pudo esconderse de Dios.

Como obispo, abrazó con fervor y entrega el nuevo campo de misión. Una vez más, trabajó sin descanso como verdadero pastor durante catorce años. Las tensiones y divisiones —a menudo provocadas por las autoridades civiles— entre católicos, ortodoxos y musulmanes, entre serbios, macedonios y albaneses, le causaron un gran sufrimiento. Sin embargo, a pesar de todas las dificultades, permaneció fiel a su lema: «Me hice todo para todos». Y nunca dejó de ser un verdadero vicenciano.

Franc Letonja C.M.
Fuente: Vincentiana: Vol. 45: nº 2, Artículo 8. Disponible en: https://via.library.depaul.edu/vincentiana/vol45/iss2/8

 

La Congregación para las Causas de los Santos permitió el 15 de diciembre de 1977 que el arzobispo de Liubliana, Dr. Jožef Pogačnik, iniciara el proceso diocesano para la causa de beatificación. El 8 de febrero de 1978 se anunció oficialmente el inicio del proceso. Este concluyó en 1984, y la documentación sobre sus virtudes fue enviada a Roma. Posteriormente, el 13 de enero de 2005, se inició en Liubliana un nuevo proceso diocesano, esta vez sobre una curación atribuida a la intercesión de Gnidovec. Dicha fase concluyó el 24 de julio de 2006 y los documentos fueron enviados a la Congregación para las Causas de los Santos el 7 de agosto de 2006. El 23 de julio de 2007, el Prefecto de la Congregación confirmó la validez y regularidad del procedimiento.

El Papa Benedicto XVI autorizó el 27 de marzo de 2010 la publicación del decreto que reconocía las virtudes heroicas de Janez Frančišek Gnidovec. Desde ese momento se le llamó Venerable Siervo de Dios.

Desde el 29 de septiembre de 2010, sus restos descansan en la Iglesia del Sagrado Corazón en Tabor, Liubliana.

La característica más distintiva de la personalidad de Janez Fran Gnidovec fue su sencillez. Las dificultades nunca le pesaron demasiado. Veía su misión en el apostolado, la oración y el trabajo pastoral. Le movía el celo por las almas. Desde Šentvid hasta Skopie, su vida estuvo marcada por el trabajo, la oración, la modestia, el servicio a la Iglesia y, a través de ella, al pueblo al que fue enviado. Su lema episcopal lo expresa con claridad: “Hacerse todo para todos”.

Su vida fue una historia de altibajos, de éxitos y fracasos, de apoyo y oposición. En el campo espiritual de la historia, destacó por su vida, su perseverancia y su fidelidad. Para él, la vida era un servicio a Dios. Su existencia fue guiada por los principios, la voluntad firme y la lealtad. Su forma profunda de entender la vida iba más allá de los roles de maestro, educador y pastor. También vivió intensamente la “noche oscura” de la fe y el sufrimiento, lo que lo vincula, en muchos sentidos, a los grandes santos de la Iglesia.

Los escritos de Gnidovec no son numerosos. En cambio, abundan los testimonios sobre él. Uno de los más conmovedores y representativos es el de su antigua alumna de Skopie, Agnes Gonxhe Bojaxhiu, hoy conocida como Santa Teresa de Calcuta. En un pequeño papel que entregó a dos religiosas eslovenas en Roma el 22 de agosto de 1974, escribió:

“Nuestro obispo Gnidovec era un santo. Todos lo llamábamos así. Era un verdadero sacerdote según el Corazón de Jesucristo: manso y humilde. Cuando me fui a las misiones, él celebró la misa por mí, me dio la comunión, me bendijo y me dijo: ‘Te vas a las misiones. Entrégaselo todo a Jesús, vive solo para Él, sé enteramente suya, ámale solo a Él, sacrifícate solo por Él. Que Jesús sea todo en tu vida.’ Estoy convencida de que él reza por mí y que tengo un protector junto a Jesús.” — Madre Teresa

 

Oración por su beatificación

Oh Dios,
tu siervo Janez Frančišek Gnidovec,
por amor a Ti,
se entregó por completo a los pobres.
Glorifícalo con milagros,
para que la Iglesia le conceda
el honor de los altares,
y que su ejemplo
brille aún más entre nosotros.
Por Cristo nuestro Señor.
Amén.


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