Los días 22 y 26 de julio, la casa Madre, en París, se llenó de gozo y júbilo por la memoria agradecida y la celebración presente del carísima vicenciano. Porque unos setenta y cinco misioneros jóvenes entre sacerdotes, hermanos, admitidos y aspirantes de diferentes Provincias de la Congregación de la Misión de Europa nos dimos cita en la Casa de San Lázaro, en la parisina Rue de Sèvres. Cohermanos de Polonia, Francia, Portugal, España, Italia, Líbano… y pertenecientes a algunas misiones como Honduras e invitados de Costa Rica, nos hemos reunido para compartir la celebración del jubileo de los 400 años de la fundación de la Congregación de la Misión.
La intención de esta celebración llevaba implícitas dos cuestiones importantes: beber de las fuentes originales de nuestro fundador San Vicente de Paúl, buscar caminos nuevos y actuales donde inculturar la intuición primigenia del fundador, y fortalecer la unidad en la diversidad de culturas, costumbres y países.
Porque pisar esta Casa Madre de San Lázaro representa un compromiso grande con nuestro pasado, presente y futuro. Supone trasladarnos a los inicios de nuestra Congregación para renovarnos. Así nos lo decía el Visitador de Francia, el P. Frédéric Pellefigue, en la apertura del encuentro: que podamos abrir nuevas sendas con corazón arriesgado y valiente como San Vicente de Paúl en su tiempo; que estos días sirvan para seguir las huellas del fundador y descubrir en ellas el paso de Dios por nosotros y por la Congregación; y que, al mismo tiempo, nos ayude a buscar nuevas herramientas para proclamar el primer anuncio.
Pisar esta Casa Madre supone, también, abrirnos a los signos de los tiempos. Este tema lo explicó muy bien el Visitador de la Provincia San Vicente de Paúl-España, el P. José Manuel Villar Suárez. Y subrayó que debemos estar cimentados en los fundamentos espirituales de nuestro Congregación para ser presencia del amor de Dios en medio de los pobres y para llevarles la esperanza y el consuelo que brota del evangelio de Jesús. Además, se insistió en que necesitamos comunidades donde todos vivamos con fervor el espíritu vicenciano, acogiendo, promoviendo, integrando y acompañando. Comunidades vivas y fraternas con ganas de trabajar en equipo por la causa del Reino de Dios, entre los pobres más pobres de nuestra sociedad.
El Superior General, P. Tomaz Mavric, nos habló de “volver” a los inicios de nuestra Congregación de la Misión: volver, es recordar los sitios donde Vicente de Paúl pasó haciendo el bien como hizo nuestro Señor; volver es prepararnos para beber de las fuentes del vicencianismo; volver es ser coherentes con nuestra vocación y radicales con el evangelio; volver significa ser hombres apostólicos de oración que ayuden a salir de las comodidades y seguridades mundanas para entregarse a Dios y ser misioneros de la esperanza ante tantas oscuridades de la vida.
En conclusión, estos días vividos serán ejes que nos impulsen, a mirar al futuro con esperanza, y centrar la vida en Jesucristo evangelizador de los pobres. Y que la conmemoración de estos 400 años de la fundación de la Congregación de la Misión, nos ayuden a dar gracias a Dios y a la Virgen Milagrosa por el carisma vicenciano.
José Antonio Urrea Ramírez
Fuente: https://misionerospaules.org/













Si todos llevaran en su corazón el espíritu vicentino, el mundo estaría a salvo y el Amor reinaría soberano. Oh, Dios mío… solo unos pasos más, solo unos corazones más dispuestos, para que podamos llegar a Gaza, a África, al prójimo. Somos todos hermanos.
Esperanza… esperanza… esperanza.