Una pregunta reveladora para hacerle a cualquier grupo: ¿Qué importa? En este grupo de personas, ¿qué cuenta más y qué cuenta menos? ¿Cuál es vuestra medida del éxito?
Según el grupo y el contexto, las respuestas variarán.
Para un cierto sector de cualquier sociedad, la respuesta rápida sería el dinero —y lo que el dinero puede comprar—. Los más admirados y envidiados serían los más ricos, aquellos que han acumulado el mayor tesoro. ¿Qué importa aquí? El poder financiero.
Jesús señala esta mentalidad cuando cuenta la parábola del hombre rico, cuya única preocupación es guardar a buen recaudo todo lo que ha ganado y luego multiplicarlo.
Jesús no está diciendo que la prosperidad sea, en sí misma, algo malo; el problema aparece cuando se convierte en la máxima prioridad de la vida. Todo lo que quede por debajo de la riqueza apenas cuenta.
Para otro grupo, podría ser la fama y el prestigio, aunque se busquen a costa de la verdad y la justicia. En este caso, las apariencias externas se colocan por encima de todo y son lo que más cuenta.
En otros círculos, el control y la dominación lo sobrepasan todo: siempre tener que estar al mando y ser el que manda.
Al concluir su parábola, Jesús declara sin rodeos que la clase de riqueza que de verdad importa es la «Riqueza en lo que le importa a Dios, su Padre». Y Jesús, hablando como el enviado de Dios en el mundo, establece toda una jerarquía de qué es lo que más importa, qué cuenta menos y qué no cuenta en absoluto.
Por ejemplo:
- La verdad importa, aquello que es honesto, limpio y sin engaño. Jesús predica, vive y muere por esta autenticidad.
- La compasión hacia los demás es otra prioridad. Ayudar a los necesitados, prestar atención a los olvidados y abandonados, tener presente al huérfano y a la viuda, defender a quienes son tratados injustamente.
- Y por encima de todo, el amor:
- amor al prójimo que va más allá de las palabras y se traduce en acciones concretas de ayuda;
- amor a uno mismo, no desde el egoísmo ni el narcisismo, sino desde el reconocimiento de la bondad que Dios ha depositado en lo más profundo de cada persona, incluido uno mismo;
- y amor a Dios, reverencia y respeto por todo lo que Dios ama y valora: no solo al Pueblo de Dios, sino a toda la creación.
La parábola de hoy es una lección vívida y directa sobre lo que más cuenta en el Reino de Dios, lo que cuenta menos y lo que apenas tiene peso en su escala de valores. Según el testimonio repetido y vivido personalmente por Jesús, lo que realmente importa es que seamos ricos en lo que le importa a Dios.
A su manera, San Vicente subraya el mensaje de esta parábola:
El despego que Dios le da de los bienes de la tierra vale más que todo lo que hay en ella de precioso.
(SVP ES VIII, p. 88, carta a Santiago Pesnelle, de 29 de agosto de 1659).













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