Las Hermanas de María de Ingelmunster constituyen un rico capítulo en la historia del servicio cristiano y la vida religiosa apostólica. Nacida en medio de las transformaciones sociales y religiosas de la Europa del siglo XVIII, esta congregación se ha mantenido firme en su misión de servir a los pobres, educar a los marginados y vivir una profunda espiritualidad centrada en el Evangelio. Arraigadas en suelo belga, moldeadas por el legado de San Vicente de Paúl, y creciendo ahora en otros continentes, las Hermanas de María encarnan una respuesta constante a la llamada de Cristo a amar a Dios y al prójimo, especialmente a los más necesitados.
I. Fundamentos históricos
1. Nacimiento en medio de la reforma y la necesidad
A mediados del siglo XVIII, los Países Bajos austríacos, bajo el gobierno de la emperatriz María Teresa, experimentaban las primeras fases de recuperación tras prolongadas guerras y destrucciones. Sin embargo, las necesidades del pueblo seguían siendo inmensas, sobre todo entre los pobres. En este contexto, comenzó a tomar forma un renacimiento espiritual y apostólico, que se hacía eco del ejemplo de Vicente de Paúl, quien había revolucionado la vida religiosa llamando a las mujeres a servir a los pobres a través de comunidades apostólicas organizadas.
Aunque por ley el reino de María Teresa sólo autorizaba las comunidades contemplativas, la semilla de algo nuevo se plantó en Ingelmunster, una parroquia de 5.000 habitantes en la diócesis de Tournai. El 2 de julio de 1769, el párroco local, Pieter Jacobus Dufort, dio un paso audaz. Fundó una congregación con un doble objetivo: ayudar a los niños pobres en su educación y trabajo, y atender a los enfermos y necesitados de la parroquia.
2. El fundador: Pieter Jacobus Dufort
Nacido el 16 de mayo de 1720 en Ledegem, Dufort fue nombrado párroco de Ingelmunster a los 29 años. Profundamente sensibilizado con las necesidades sociales y espirituales de sus feligreses, ideó una forma de vida religiosa activa, comunitaria y abierta a mujeres de orígenes sencillos. Inspirado por la devoción mariana de la parroquia, puso la nueva fundación bajo la advocación de Nuestra Señora de los Siete Dolores.
Dos mujeres —Francisca Goethals e Isabella Catulle— se unieron a él como los primeros miembros de esta «asamblea espiritual». La casa que habitaban, adquirida por el propio Dufort, se convirtió en la humilde cuna de la congregación. Su misión, tal como se describía entonces, era «avanzar en la virtud para la salvación del prójimo y la gloria de Dios».
3. Crecimiento y reconocimiento
En 1772, Dufort fue nombrado canónigo de la catedral de Nuestra Señora de Tournai, pero siguió apoyando a la incipiente congregación. Ese mismo año, la emperatriz María Teresa reconoció formalmente a la comunidad como fundación con finalidad apostólica. En 1774, las dos mujeres emitieron su profesión religiosa y la comunidad fue reconocida por la ley diocesana.
Las Hermanas de María crecieron rápidamente y persistieron a través de tiempos turbulentos, incluyendo la ocupación francesa y el dominio holandés. Aunque se enfrentaron a amenazas legales contra sus bienes en 1864 e incluso fueron expulsadas de su convento en 1881, la generosidad de benefactores —como el conde y la baronesa de Montblanc— les permitió reubicarse y empezar de nuevo.
II. Espiritualidad y carisma
1. Un corazón mariano, un espíritu vicenciano
La espiritualidad de las Hermanas de María está arraigada en una vida religiosa apostólica y comunitaria. Inspiradas en María, especialmente bajo su advocación de Nuestra Señora de los Dolores, y siguiendo las huellas de Vicente de Paúl, las Hermanas se comprometen con el amor de Dios y el servicio a los pobres. Su lema rector, grabado en la cruz que llevan, es «Per Mariam ad Jesum«: Por María a Jesús.
2. Los tres consejos evangélicos
Sus vidas están caracterizadas por los consejos evangélicos de castidad, obediencia y pobreza, entendidos desde una perspectiva vicenciana y mariana:
- La castidad se abraza como una entrega total a Dios y al cuidado de Su pueblo. La religiosa busca su realización en una relación personal con Cristo, en el servicio a la comunidad y en una vida comunitaria que irradie el Reino de Dios.
- La obediencia se vive a través del respeto mutuo, la escucha profunda y la responsabilidad compartida. Encarna la apertura al Espíritu y la disposición a contribuir a la renovación de la Iglesia.
- La pobreza se entiende como humildad existencial: vivir con las manos vacías en una actitud de apertura, transformación y radicalismo evangélico. La pobreza no es meramente material; es un continuo dirigirse a Cristo en sencillez y dependencia.
La Eucaristía constituye el corazón de este itinerario espiritual. En ella, las Hermanas encuentran su fuerza y su unidad con Jesús, a quien reconocen como «el camino, la verdad y la vida».
III. Misión apostólica
1. Educación y cuidado
Desde el principio, la educación fue el principal apostolado de la congregación. Se fundaron escuelas para atender a los niños y niñas pobres que no tenían acceso a la enseñanza. A medida que la congregación creció y absorbió a otras comunidades, sobre todo en el siglo XX, su apostolado se amplió para incluir el cuidado de enfermos y ancianos.
Aunque el envejecimiento ha reducido el número de Hermanas activas en la actualidad, muchas siguen aportando contribuciones significativas. Algunas trabajan en parroquias, en tareas administrativas, en la dirección espiritual, visitando a los enfermos y como voluntarias. Otras siguen comprometidas con los jardines de infancia de Nieuwpoort e Izegem, y en instituciones hospitalarias y de atención a la tercera edad.
Dondequiera que estén, las Hermanas aspiran a encarnar la compasión de Cristo y dar testimonio de su resurrección.
2. Expansión y fusiones
A lo largo del siglo XX, las Hermanas de María de Ingelmunster experimentaron varias fusiones con otras congregaciones:
- 1927: Las Hermanas de San Vicente de Dadizele se fusionan con la congregación.
- 1954-1955: Se incorporan otras tres congregaciones: las Hermanas de San Vicente de Merkem, las Hermanas de San Vicente de Sint-Eloois-Winkel y las Hermanas de la Caridad de Izegem.
- 2004: Las Hermanas de la Caridad de Kortrijk solicitan su ingreso.
Estas uniones enriquecieron el legado de la congregación y ampliaron su presencia y su alcance apostólico.
3. Misión en el Congo
En 1930, en respuesta a la petición de un misionero local, el padre Verstraete de Ingelmunster, las Hermanas abrieron su primera misión en Fataki, al noreste del Congo. Allí establecieron un hospital y una escuela, ofreciendo servicios esenciales en una zona remota y desatendida.
En 1957, la misión de Fataki había alcanzado la madurez suficiente como para abrir un noviciado para las vocaciones locales, fomentando la vida religiosa autóctona. Hoy, la misión del Congo comprende varias comunidades, sobre todo en la diócesis de Bunia, con hermanas dedicadas a la educación, la sanidad y el trabajo parroquial. Una casa regional en Bunia coordina sus actividades.
La estructura de gobierno de la congregación refleja su internacionalidad, con dos regiones principales —Bélgica y Congo—, cada una supervisada por una superiora regional y su consejo.
4. La misión vietnamita
Las semillas de la misión vietnamita fueron sembradas por la Hermana Anna Thuy, una vietnamita que vivía en Bélgica. En 1998, regresó a su tierra natal después de 29 años y se sintió conmovida por las dificultades a las que se enfrentaban los jóvenes, especialmente los que carecían de oportunidades de educación y formación en la fe.
En 1999, durante el Capítulo General de la congregación, propuso fundar una comunidad en Vietnam para acompañar y capacitar a los jóvenes. Tras varias visitas preliminares y una oración insistente, la congregación aceptó. El Capítulo General de agosto de 2003 aprobó formalmente la misión.
En 2004-2005, se estableció una casa en Binh Thanh, Saigón, con el apoyo de la comunidad vietnamita de Flandes Occidental. Esta casa se convirtió en un centro de formación, educación y discernimiento. Un número creciente de mujeres jóvenes —alrededor de 35 en aquel momento— se unieron a la comunidad, y varias expresaron su deseo de vida religiosa. En 2007, dos ya estaban en el prenoviciado.
La visión a largo plazo es ayudar a construir una congregación vietnamita independiente, sostenida inicialmente por el apoyo belga pero arraigada en el liderazgo, la cultura y la fe locales.
5. Misión en Uganda
En 2013, las Hermanas se trasladaron a Kampala (Uganda), donde adquirieron una casa a 45 km del aeropuerto de Entebbe. Estas instalaciones tienen múltiples usos:
- Un centro de acogida para las personas pobres
- Una residencia para las Hermanas que reciben tratamiento médico
- Un hogar para las Hermanas que cursan estudios
- Una casa de tránsito para viajar a y desde Bélgica
Aunque todavía está en sus inicios, esta misión demuestra la continua capacidad de respuesta de la congregación a las nuevas llamadas y necesidades.
6. Un signo vivo de la Iglesia
Las Hermanas de María de Ingelmunster se han adaptado continuamente a las necesidades de su tiempo, sin perder de vista su carisma original. Ya sea enseñando a los niños, cuidando a los enfermos, acompañando a los ancianos o orientando nuevas vocaciones en tierras lejanas, buscan ser un signo de esperanza y amor en el mundo.
Su vida comunitaria, basada en la oración, la Eucaristía y el apoyo mutuo, es un testimonio profético de los valores del Evangelio. Arraigada en la fe mariana y en la caridad vicenciana, la congregación sigue siendo una fuente de vitalidad apostólica, a pesar de los retos que plantean el envejecimiento de sus miembros y el cambio cultural.
Su misión, como siempre, es obra de Dios en ellas y a través de ellas, asumida con la humilde confianza de San Pablo: «Todo lo puedo en Aquel que me da fuerzas» (Flp 4,13).
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Las Hermanas de María de Ingelmunster han recorrido un largo camino desde sus humildes comienzos en 1769. Lo que comenzó como una respuesta a las necesidades de una pequeña parroquia belga se ha convertido en un ministerio multicontinental que se extiende por Bélgica, Congo, Vietnam y Uganda. Su presencia constante es un testimonio del poder de la fe, la belleza del servicio y la gracia transformadora de la vida religiosa. A través de María, siempre hacia Jesús, siguen caminando con confianza, sembrando semillas de amor y alimentando la esperanza allí donde se les llama.
Contacto:
- Dirección: Schoolstraat 8, 8770 Ingelmunster (Bélgica)
- Teléfono: (+32) 051/30 41 01
- Email: magda.vanmarcke@zm-ing.be
- Web: https://www.zrsmaria-ing.be/













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