“La vida del hombre no depende de la abundancia de los bienes que posea“
Ecl 1, 2; 2, 21-23; Sal 89; Col 3, 1-5. 9-11; Lc 12, 13-21.
La vida es el regalo más preciado que Dios nos ha dado, y nos lo ha complementado con cualidades, dones y virtudes, y con ellas poder desarrollarnos plenamente y ser felices. Sin embargo, muchas veces vivimos pensando que son las riquezas y posesiones las que nos dan la felicidad, perdemos de vista que la amistad, una sonrisa, un acto de solidaridad o la compañía en los momentos difíciles son las verdaderas riquezas que debemos ocuparnos en poseer para compartir con los demás.
Si la vida hoy nos ha dado la oportunidad de tener algunos bienes materiales, debemos agradecerlos a Dios y, sobre todo, compartirlos con quienes menos tienen, pues si empeñamos nuestro esfuerzo en acumular bienes materiales no tenemos la certeza de que Dios nos conceda vida para hacer con ellos lo que pensamos. El evangelio nos hace una llamada al desprendimiento para ganar la libertad interior.
Nuestra vida no debe depender de las riquezas que poseamos sino de todo el bien que podamos hacer con aquello que tenemos: vida, salud, tiempo, habilidades, destrezas, disponibilidad de escucha.
¿Cuáles son las riquezas espirituales y materiales que poseo y en qué las he ocupado?
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Laura Ríos, Comedor Vicentino








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