“Todos estaban asombrados con su sabiduría“
Lev 23, 1. 4-11. 15-16. 34-37; Sal 80; Mt 13, 54-58.
Hoy, como en el tiempo de Jesús, existen hombres y mujeres que se niegan a creer en aquellos miembros de la comunidad que pudieran aportar alguna enseñanza para la vida y más aún para la fe, desde el compromiso por la causa del Reino.
¿Cuántas veces habremos dicho: “este catequista no es un buen vecino…” “¿El que ahora es diácono no era el que…?” Nos negamos a aceptar que entre nosotros hay quien nos puede hablar de Dios y aportar mucho al crecimiento de nuestra fe, solo porque está en medio de nosotros.
El evangelio del día de hoy nos invita a reconocer la sabiduría de quien nos habla; es a través de estas personas que nos parecen conocidas, que Dios hace llegar su mensaje, porque también en ellos Dios va haciendo su obra purificándolos y santificándolos, y por tanto haciéndolos sus testigos.
Abramos nuestro corazón y nuestros sentidos para aceptar las enseñanzas de Jesús que nos llegan también a través de nuestros hermanos. Y pidamos a Dios para que disminuya nuestra incredulidad –en ocasiones hasta nuestra autosuficiencia– y nos conceda la gracia de ir por la vida con un corazón humilde y sencillo.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Laura Ríos, Comedor Vicentino









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