Los pobres no son una distracción para la Iglesia

por | Jul 31, 2025 | Noticias, Sociedad de San Vicente de Paúl | 0 Comentarios

El Papa León XIV, en el Mensaje para la 9ª Jornada Mundial de los Pobres, que se celebrará el 16 de noviembre de 2025, recuerda con claridad: “los pobres no son una distracción para la Iglesia, sino los hermanos y hermanas más amados”. Estas palabras contundentes y bastante claras resuenan profundamente en el corazón de la espiritualidad vicentina, que siempre ha puesto al necesitado en el centro de la misión. El tema de este año es: “Tú eres mi esperanza, oh, Señor Dios” (Salmo 71, 5).

La espiritualidad vicentina, inspirada por San Vicente de Paúl, nos enseña a ver a Cristo en los rostros de los más frágiles: personas marginadas y perseguidas, que sufren privaciones, hambre, falta de vivienda, salud, educación. El Papa destaca que “todas las formas de pobreza, sin excluir ninguna, son un llamado a vivir concretamente el Evangelio y a ofrecer señales eficaces de esperanza”. Así, los pobres se convierten en maestros de la esperanza: sus voces, experiencias y sabiduría nos muestran cómo tocar la verdad del Evangelio con las manos.

La centralidad de los pobres en la acción pastoral no es sólo un objeto de caridad, sino protagonistas de la misión: “los pobres están en el centro de toda la acción pastoral”, dice el Papa, no sólo en la dimensión caritativa, sino también en lo que la Iglesia celebra y anuncia. Esta visión coincide con el ideal vicentino: servir con humildad, cercanía y solidaridad real, reconociendo el protagonismo de los pobres.

León XIV también es explícito al afirmar que la pobreza más grave es no conocer a Dios, y recuerda que “la inmensa mayoría de los pobres posee una especial apertura a la fe; necesita de Dios”. Este reconocimiento espiritual profundiza aún más la misión vicentina, que busca no sólo atender las necesidades materiales, sino abrir el corazón al encuentro con Dios.

Este llamado encuentra eco directo en las Escrituras. El profeta Isaías, refiriéndose a la misión del Ungido, afirma: “El Espíritu del Señor Dios está sobre mí, porque el Señor me ha ungido para anunciar la buena nueva a los pobres” (Isaías 61, 1). Jesús retoma esta misma misión en Nazaret (Lucas 4, 18), reforzando que la evangelización comienza por los más necesitados. San Santiago exhorta a la comunidad cristiana: “¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo para que sean ricos en la fe y herederos del Reino?” (Santiago 2, 5). Estos pasajes iluminan la vocación de la Iglesia: no debemos sólo ayudar a los pobres, sino reconocerlos como destinatarios privilegiados del Evangelio.

El Papa recuerda a San Agustín: “Sea Dios todo motivo de presunción. Todo lo que poseas fuera de Él es inmensamente vacío”. Y afirma que “la esperanza cristiana es la certeza en el camino de la vida. Ella depende de la promesa de Dios. La esperanza cristiana es como un ancla”. Esta imagen del ancla es cercana al ideal vicentino: actuar con esperanza firme, incluso en medio de la fragilidad.

En un tiempo en que la pobreza se renueva y se vuelve más compleja en nuevas formas —económicas, sociales, espirituales, digitales—, el Papa nos convoca a recrear nuevos signos de esperanza, instituciones concretas como hospitales, escuelas, centros de acogida, comedores, albergues, escuelas populares —todas formas de servicio que expresan acogida a los marginados.

Como miembro de la SSVP, siento que esta invitación del Papa nos desafía a renovar nuestro compromiso: la solidaridad vicentina no puede ser una acción pasajera, sino un camino firme y comunitario. Los pobres no son un pasatiempo o una distracción: son hermanos que nos recuerdan la sencillez evangélica, la justicia, el bien común. Debemos dialogar con ellos, aprender de sus virtudes, anunciar la Palabra con ellos, construir con ellos una Iglesia que camina junta, en comunidad.

Ese es el sentido de celebrar la Jornada Mundial de los Pobres el 16 de noviembre de 2025, aún dentro de este Año Jubilar de la Esperanza, concluido con la Puerta Santa cerrada: debemos conservar y transmitir los dones divinos recibidos a lo largo de este tiempo de oración, conversión y testimonio.

Que nuestra misión vicentina sea siempre esta: caminar con los pobres no por “utilidad pastoral”, sino por amor, compasión y reconocimiento de que ellos son señales vivas de la esperanza que no decepciona. No se trata de prestar una “caridad superficial”, sino de promover una “evangelización profunda”, donde el servicio y la fe se entrelazan en el testimonio de Cristo Resucitado.

Por eso, queridos consocios de la SSVP, y todos los ramos de la Familia Vicentina, ¡perseveren con ardor misionero en su vocación de servicio a los pobres! El carisma vicentino sigue siendo actual y necesario. Que cada visita domiciliaria, cada acción solidaria, cada gesto de escucha y compasión sea señal del Reino de Dios que ya está entre nosotros. Sigamos firmes, con valentía y alegría. Que María Inmaculada y todos los santos intercedan por nuestra fidelidad al carisma vicentino.

Haz clic aquí para leer el mensaje del Papa León: https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/messages/poor/documents/20250613-messaggio-giornata-poveri.html

Renato Lima de Oliveira
16º Presidente General de la Sociedad de San Vicente de Paúl entre 2016 y 2023.

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